Antes de que las televisiones inundaran los hogares del mundo, los noticieros previos a la proyección de las películas en los cines, eran la ventana por la que ese mundo se asomaba a los ojos de los ciudadanos.

Los habitantes del Reino de España con una cierta edad se acordarán de cómo antes de ver una película, el NO-DO nos loaba las gestas como pescador del dictador Franco, o nos contaba los «extraordinarios avances» de todo tipo que se estaban dando en aquel «reino en estado de regencia» que gobernó, con puño de hierro y guante de pinchos, el régimen franquista.

En el mundo occidental, al que los europeos bajo regímenes dictatoriales pertenecíamos sólo por posición geográfica, los asistentes a los cinematógrafos podían conocer cosas que a los demás se nos tenían prohibidas. Asuntos tan poco patrióticos como las consecuencias de la Libertad, los logros de la Democracia, las críticas a las dictaduras, o durante la Segunda Guerra Mundial, la lucha de las Democracias contra el totalitarismo fascista.

Muchos vascos sufríamos las consecuencias de ese totalitarismo. Durante unos años los vascos continentales y los vascos peninsulares, tuvimos que vivir sometidos a dos variantes de ese totalitarismo: el nazismo y el franquismo.

Los vascos de Iparralde tuvieron la suerte de poder librarse del nazismo en 1945. Los vascos peninsulares, esperamos lo que nunca pasó: que los Aliados, a los que tantos vascos ayudaron en el frente o en la retaguardia, acabaran con el regimen de Franco. Esperamos sin verlo nunca. Es más, con los años aquel régimen asesino se convirtió en un aliado de esas potencias (cosas de la realpolitik).

En 1945, aun todos los vascos mantenían la esperanza de verse libres de esas dictaduras. Y, además, lo veían cerca, fue en mayo de ese año cuando acabó la guerra en Europa con la caída del régimen nazi.

Era en estos momentos cuando British Pathé grabó para sus noticiarios esta información, de poco menos de 2 minutos, en la que se veía a un grupo de vascos refugiados en Gran Bretaña celebrar una fiesta del Basque Club de Londres en un bar de South Kensington.

A la alegría de estar juntos se unía, sin duda, la fuerte esperanza de que el próximo y evidente final de la Guerra, les permitiría poder regresar a su Patria, a Euzkadi, liberada de las garras de Franco.

Ellos no podían imaginarse que aun faltaban muchos años para que fuera real lo que dice el locutor: poder volver a su propio país otra vez.

Transcripción del texto locutado

This makes a nice picture.  You’re wrong: it isn’t beer, it’s cider—the national drink of the Basques.  In South Kensington, the Basques have their own club, where they sing their traditional songs of yearning for their own country.  
Most of these people escaped to England at the time of the Spanish Civil War.  And here in London, they keep up their own dances, such as the Apple Dance, which is a feature of the cider-making season in the Basque Country.  The Basques seem to have their own version of “My Mother Said I Never Should”.
The Apple Dance is over, and the young men take their places for a dance in honor of their national flag.  
And now for the traditional Stick Dance.  In their own country, they sometimes dance this with swords, but you’re less likely to come to grief this way.   
As she watches, she remembers again her native land.  The Stick Dance comes to its end, and the dancers perform the ceremony of the death of the hero.
And so the Basque community in London keeps up its traditions, longing for the day when it will be back in its own country again.  
Ésta es una bonita imagen.  Se equivoca: no es cerveza, sino sidra, la bebida nacional de los vascos.  En Kensington del Sur, los vascos tienen su propio club, donde cantan sus canciones tradicionales con el anhelo por volver a su propio país.
La mayoría de estas personas huyeron a Inglaterra durante la Guerra Civil Española.  Y aquí en Londres, mantienen sus propias danzas. Como la «danza de la manzana» (sagar dantza), que es protagonista de la temporada de sidra en el País Vasco.  Los vascos parece que tienen su propia versión de (la canción inglesa) “My Mother Said I Never Should”.
Se acabó la «danza de la manzana» , y los jóvenes toman su lugar para un baile en honor a su bandera nacional.
Y ahora para la tradicional «danza de palos» (ezpata dantza).  En su propio país, a veces hacen este baile con espadas, pero así tienen menos probabilidad de que haya un accidente.
Mientras observan, otra vez recuerdan su país natal.  La danza termina, y los bailarines llevan a cabo la ceremonia de la muerte del héroe.
Y así la comunidad vasca de Londres mantiene sus tradiciones, anhelando el día cuando volverá a su propio país otra vez.

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