Desde que Sabino Arana, a finales del siglo XIX, publicara los primeros diarios que defendían que los vascos tenían derecho a recuperar su libertad y a constituir un estado propio, estos medios de comunicación han sufrido una persecución contumaz por parte de gobiernos, representantes locales de éstos, jueces, fiscales… ¿El motivo? su desafección a la idea de que “la nación vasca no existe”, y que este territorio es “propiedad” de los estados de España y Francia.

Ésta es una constante a ambos lados de los Pirineos con todo tipo de gobiernos, de todo color y de toda ideología. Da lo mismo si la forma de gobierno es una república, o una dictadura, o una monarquía… El elemento que une a todos esos sistemas de gobierno, en relación a los vascos, es lo mucho que les molesta que se ponga en duda la idea de estado-nación sobre la que se basan.

El periodista e investigador brasileño Raphael Tsavkko Garcia, del que ya hemos recogido algunas referencias más, ha escrito en The Globe Post un lúcido análisis del último capítulo de esa fiebre persecutoria cuyas consecuencias siguen sufriendo diarios que no encajan con comodidad en los principios en los que se sustenta, en este caso, el Reino de España.

El “cierre preventivo” de Egunkaria y Egin, o la aplicación de la prisión preventiva a directivos y periodistas, ha acabado… en nada. Ni condenas, ni demostración de que “todo es ETA”, ni nada que se le parezca.

Pero ese desenlace, sin disculpas y sin reparación, está generando otras consecuencias nefastas. El Estado que cerró de forma arbitraria un diario, Egin, hace que otro diario, Gara, tenga que asumir unas deudas nacidas como consecuencia de esa decisión arbitraria del cierre del diario. Para ello se basan en un “concepto jurídico” (modo “ironía on”) que, como poco, debe ser calificado de “imaginativo”: la “sucesión ideológica”.

En realidad, nada nuevo bajo el sol.

Global Post – 8/5/2019 – USA

Newspaper Gara Victim of Spain’s Ideological Persecution of Basque Independence Movement

After 20 years of uninterrupted circulation, the Basque daily Gara faces its biggest challenge yet: overcoming political and judicial persecution imposed through the collection of an “ideological” debt. The story begins in 1998, about half a year before Gara’s foundation, when Spanish judge Baltasar Garzon closed the Basque radical left-leaning daily Egin on charges of belonging to and being controlled by the terrorist group ETA.

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