Rocío Silva Santisteban escribe hoy en su columna del diario peruano  La República un hermoso muy instructivo artículo sobre una figura vasca universal: la del portugalujo Ignacio Ellacuria.

Leerla nos ha hecho volver a reflexionar sobre el trato que damos los vascos a nuestros más preclaros compatriotas. Ignacio Ellacuria, forma parte de un grupo de vascos que han influido extraordinariamente tanto en la sociedad como estructura, como en la vida, las oportunidades y las esperanzas de muchos seres humanos concretos.

Ignacio Ellacuria, fue un vasco que nació en Portugalete, estudio de joven en Tudela y Azpeitia; se formó como jesuita en El Salvador, Perú y Alemania; y que desarrolló su labor como ser humano, cristiano,  jesuita, profesor y defensor de los pobres, en El Salvador. Una labor que le llevó al martirio, asesinado (junto a otras 7 personas, los mártires de la UCA) a manos de miembros de la Fuerza Armada de El Salvador.

Formó parte de un extraordinario grupo de cristianos, entre los que hay un buen puñado de vascos, que puso en marcha la corriente teológica cristiana de la Teología de la Liberación,  que se caracteriza por considerar que el Evangelio exige la opción preferencial por los pobres.

Su vida y su obra, de una importancia extraordinaria, pasa desapercibida para la mayor parte de nosotros. Está cierto que está reconocido. Fundaciones, cátedras, calles, o institutos tienen su nombre. Pero no podemos decir que sea una persona conocida entre la sociedad vasca. Puede esto sea debido a que cometió el error de dedicarse a la educación, la defensa de la justicia y la libertad; y no a meter goles.  Lo cual explica, obviamente, porque los medios de comunicación no le dedican mucho espacio.

Incluso parece que hablar de esos santos y mártires del cristianismo (los de la Teología de la Liberación) no hace mucha gracia a algunos dirigentes católicos, que llegan a prohibir conferencias sobre ellos en una iglesia.

Merece la pena leer el artículo que con motivo de los 25 años de su asesinato escribe el teólogo vasco Xabier Pikaza Ibarrondo.  El le conoció personalmente y es un texto que ayuda a entender y conocerle mejor. No podemos menos que resaltar, entre esos recuerdos que va desgranando Xabier Pikaza, su referencia a “lo vasco” en Ellacuria:

Sobre su origen vasco. No era vasco “militante” en el sentido nacionalista del término, pero era muy vasco, muy universal. Así me comentaba con humor que a finales de los años 40 les mandaron a él y a otros compañeros vascos a América… para hacer el noviciado y evitar así el peligro de nacionalismo militante vasco de sus orígenes familiares. “Nos mandaron a América ‒ me decía‒ porque en Euskadi podíamos ser “revolucionarios” en pequeño…, y en América nos hemos hecho partidarios de una revolución universal, en línea de libertad cristiana”.

Sin duda algo “muy vasco

Por eso agradecemos mucho a Rocío Silva Santisteban que, con su reflexión en un diario peruano, nos haya refrescado la memoria y nos haya dado una magnífica excusa para compartir con nuestros lectores un momento de recuerdo de este vasco-salvadoreño-ser humano . En su articulo nos dice que siempre ha tenido la sensación de que le debía algo. Nosotros, en el caso de Ellacuría y de otros muchos, también la tenemos. Sirva este pequeño recuerdo para “pagar” una pequeña parte de esa deuda.

Por suerte, como recuerda Juan José Tamayo (director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Ignacio Ellacuría de la Universidad Carlos III de Madrid),  en este artículo escrito con motivo de los 25 años de su asesinato, la memoria, el ejemplo y el legado intelectual de Ellacuria sigue vivo entre aquellos que siguen defendiendo una Iglesia de los pobres.

Por cierto, y por si quedaban dudas, sus asesinos nunca fueron juzgados.

La Republica – 1/12/2015 – Perú

Ellacuría

Siempre tuve la sensación de que a Ellacuría le debía algo: no lo he conocido, lo he leído pero no a profundidad, supe de su vida y de su muerte, pero hoy en medio de curas pedófilos y órdenes fascistas que instituyen una jerarquía eclesiástica de cara a sus agendas perversas, mirando de reojo a los pobres como si solo merecieran caridad, pues regreso a la imagen de un sacerdote terco, honesto, intelectual sobre todo, rebelde y con una claridad meridiana sobre su objetivo en este mundo: la opción preferencial por los pobres.

(Sigue) (Traducción automática)

 

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