También publicado en  The Sydney Morning Herald 

 

Richard Glover ha escrito este pasado mes de julio un reportaje sobre San Sebastián para el periódico neozelandés  Sunday Star Times.

Nuestra recomendación es que no se lo pierdan. Nosotros lo hemos leído con una mezcla de sensaciones, que han ido desde el orgullo al leer su admiración por la ciudad vasca, hasta la diversión por sus narraciones de sus “encuentros culinarios”. Incluso con la sensación de que no ha acabado de entender la filosofía que ha creado la ciudad que ha visitado. Donostia no es así, como él la ha encontrado y como el la cuenta, porque sea una ciudad turística diseñada para recibir visitantes. Donostia es así, porque así le gusta a sus habitantes. Lo que ocurre es que eso la ha hecho tan maravillosa que enamora a todos los que la visitan.

Además el artículo empieza como hay que empezar : “We’re in the Basque town of San Sebastian

Como decimos, diviértanse  (en el mejor sentido) leyendo este artículo. Esperemos que su autor se anime y venga a conocer el resto de El País de los Vascos. Hay muchas cosas que, al igual que lo ha hecho Donostia, le van a dejar con “la boca abierta” y sin ganas de abandonar este rincón de Europa.

Eso sí, que no se espere que el “sun” esté siempre presente.

 

Sunday Star Times – 6/7/2014 – Nueva Zelanda

San Sebastian offers food, wine and sun

BASQUE DELIGHT: It's all about eating, drinking and having fun in San Sebastian. (fotografia 123RF)
BASQUE DELIGHT: It’s all about eating, drinking and having fun in San Sebastian. (fotografia 123RF)

We’re in the Basque town of San Sebastian on a Friday night and it’s as if the whole city has been turned upside-down by some benign giant, with every person shaken out of every apartment, all ending up in this one tiny, joy-filled, people-filled street. Via much convivial mingling, we’re drawn deep into the nearest bar – a tiny space called Txepetxa, so crowded it feels like one of those Guinness World Records challenges in which 23 uni students try to fit into a Volkswagen. Catching the eye of the bartender, I order a glass of wine – reasonably priced at a couple of euros – and point to a pintxo (pronounced pincho), the Basque version of tapas. Both are superb, the white wine crisp and zesty, the pintxo an amazing concoction involving anchovies and spider crab (anchoas con centolla). I am in a boisterous foodie heaven. I look at my companion and say: “I can die happy. This is perfect. I never want to go anywhere else in my life.”

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