Hoy llevo todo el día pensando en las informaciones que están naciendo en torno al documental The Basque Swastica, que se ha presentado en el Zinemaldia de San Sebastián. Y sí, hoy hablo en singular porque lo que se va a contar aquí es una opinión y experiencia personal. Así que por una vez no se habla como colectivo, sino como individuo.

Estaba pensando en cómo habría reaccionado mi aitite Luis, gudari, republicano, nacionalista y antifascista, al leer las conclusiones que sacan de esta historia los radicales unionistas. Conclusiones basadas en medias verdades, insinuaciones, veladas mentiras, omisiones, deformaciones, y en las que aseguran la existencia de un pacto secreto entre los nacionalistas vascos y autoridades nazis durante la II Guerra Mundial.

Cómo habría reaccionado él, que formó parte del Batallón Arana Goiri, como voluntario. Con más de 35 años y dos hijas podría haberse quedado cómodamente en casa, pero decidió unirse a la lucha por la Libertad, la República, Euzkadi y en contra del Totalitarismo a las ordenes de un solo gobierno y una sola autoridad: El Gobierno Vasco con el Lehendakari Aguirre a su cabeza. Él, que luchó en los Intxortas; que tuvo que marchar al exilio con su familia; que tuvo que sufrir el saqueo de los fascistas de todas sus pertenencias, incluido las alianzas de boda o las sábanas que había bordado su mujer, amama Carmen, como ajuar de boda. Él que paso años en la cárcel, y muchos más años de persecución política, de detenciones, de palizas, y de discriminación laboral.

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Fotografía del Batallón Arana Goiri a los pocos días de su formación en Deusto. Ahí está mi aitite Luis

Sin duda, su reacción habría sido de desprecio. Igual que despreciaba a la ideología que ocasionó 40 años de desgracia y miseria para  España y para la Euskadi peninsular. Eso no significa que despreciara a las personas, sino a esas ideas, porque era un hombre formado en un profundo humanismo cristiano. Eso es lo que le distinguía de los fascistas, que veían en el enemigo seres sub-humanos sin valor como personas y únicamente dignos de un tiro en la nuca y una fosa común en el borde de una carretera, o en el claro de un bosque. Muy similares a los que hoy en día, con la palabra, porque no pueden con las armas, quieren insultar y linchar la memoria de muchos hombres buenos, sólo por desgastar la ideología y los sentimientos que estos defendieron con dignidad extrema.

Él les habría mirado, con sus ojos grises profundos, y sin darles más valor a sus afirmaciones que el que tienen, es decir, ninguno, habría seguido adelante. Sí. Era culpable de todo eso: de ser vasco, demócrata, abertzale, gudari, antifascista y del PNV. De ser Nacionalista-Separatista.

Culpable como miles y miles de vascos que lo dieron todo: sus vidas, sus haciendas, su futuro, y  su libertad, sólo por no ser, aunque sea por omisión, aliados de los traidores, perjuros, indignos, asesinos, y opresores fascistas, que impusieron por la fuerza de las armas esa dictadura que aun sobrevive en el fondo de las cloacas de España, porque nunca se acabó con ella.

Hoy, ahora, en estos días en que tenemos que ver las mentiras en los titulares de los medios radicales españolistas, que ven como enemigos a batir a todos los que no creen en la sacrosanta unidad de la España que ellos defienden, nos queda lo más importante. Su recuerdo y su ejemplo.

En el funeral de aitite, a la salida de la Iglesia, una vecina de la casa de mis padres, se acerco compungida y un poco escandalizada a mi ama. La miró seria y triste, y le dijo, que poca vergüenza ese cura, decir en público que tu padre estuvo en la cárcel. Lo decía porque el sacerdote, buen amigo de aitite, contó con detalle su compromiso ejemplar con la Libertad, con Euskadi y con la Clase obrera. Mi ama, con una mirada de orgullo como pocas veces recuerdo haberla visto, le dijo: sí. Estuvo en la cárcel y es una de las cosas de la que estamos mas orgullosos.

Por eso, en estos días de mentiras y cobardía. Tenemos la suerte de poder recordares. A él y a esas decenas de miles de vascos y vascas,  que dejaron de ser obreros, campesinos, maestros, oficinistas, empresarios, abogados, ingenieros o estudiantes, para convertirse en los defensores de la Libertad, la Democracia, y la Causa del Pueblo Vasco.

Agur eta ohore

 

 

 

 

 

 

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