Esto es lo que nos cuenta en este precioso reportaje el diario Argentino Clarín al hablarnos de Guillermo Isidoro Larregui Ugarte, un personaje de leyenda al que un día le pusieron en duda su afirmación de que “podía ir a pie hasta Buenos Aires, empujando una carretilla cargada con casi 200 kilos“. Claro hay que tener en cuenta que el vivía en Cerro Bagual, a más de 3.200 km. de la capital argentina.

Le dijeron que no era capaz  de realizar esa la gesta. El final de la historia es obvio: un año y dos meses del inicio de la prueba, después de haber desgastado 31 pares de alpargatas, y de haber recorrido esos más 3.200 km., Guillermo Isidoro Larregui Ugarte entraba en Buenos Aires, rodeado de una multitud enfervorizada, empujando una carretilla cargada con 200 kg. No podía haber existido otro final.

Esa fue su primera  proeza, a la que le siguieron otras, acompañado siempre de una carretilla. Los periodistas argentinos, acabaron llamándole “El vasco de la carretilla” y él acabó, convertido en una leyenda. Murió en 1964 en un lugar de Argentina especialmente apropiado para un vasco de Navarra: la provincia de Misiones. El lugar donde los jesuitas crearon en el siglo XVII sus Reducciones para los indios Guaranies y donde les intentaron de la esclavitud a los que les sometían los Bandeirantes portugueses.

Por cierto,es maravilloso ver cómo los imperialistas españoles se revuelven en los comentarios al artículo. Eso sí diciendo burradas.

Clarín – 2/7/2012 – Argentina

Las proezas del vasco de la carretilla

Viajes. El primero le llevó 14 meses, entre 1935 y 1936, y luego vinieron más. Murió en 1964 en Misiones donde había terminado el último. / ARCHIVO CLARIN

Un viejo chiste porteño sostiene que le definición de vasco es: “persona que ve en una puerta un cartelito que dice ‘tire’; entonces, empuja y entra”. Tiene que ver con la fama de tozudos que identifica a los de ese “país” integrado a España. Pero esa característica muchas veces se ha convertido en elogio por la constancia y el esfuerzo habitual en la gente de ese origen. Y quizás un buen ejemplo lo marca la historia de Guillermo Isidoro Larregui Ugarte, más conocido por el apodo que le pusieron los periodistas en la Argentina, su tierra adoptiva: “el vasco de la carretilla”.

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