Limako Arantzazu Eusko Etxea – Lima Basque Center, nos ha hecho llegar una declaración en la que analizan las consecuencias de la caída de Afganistán, de nuevo, en manos de los los talibanes.

En esta declaración, que ha sido remitida por correo electrónico a todos los centros vascos, se analizan las consecuencias que para la población civil en su conjunto, y en especial para las mujeres, significa la vuelta de una dictadura de carácter teocrático en aquel país.

Como muy bien comentan, lo fundamental de ésto, lo que está ocurriendo en Afganistán, no trata de geopolítica o de geoestrategia. Se trata de la conculcación de los derechos humanos, y de la eliminación de la libertad de expresión, de cátedra, de pensamiento, de creencias, o de conciencia.

Recuerdan, además, que los vascos hemos vivido situaciones similares, que hicieron que muchos compatriotas murieran, sufrieran prisión, o exilio por causa de su oposición a la tiranía.

Por su interés, y por su actualidad, lo compartidos aquí.


Euzkadi 1936 – Afganistán 2021.
Dos caras distintas del mismo monstruo

Desde la Hermandad de Nuestra Señora de Aránzazu de Lima y desde Limako Arantzazu Euzko Etxea – Lima Basque Center observamos con angustia los sucesos que están ocurriendo en Afganistán. Y con este manifiesto queremos pedir a todos aquellos que puedan hacer algo, que lo hagan.

Nuestra preocupación no se debe a las consecuencias geoestratégicas ,ni de política internacional, que genera el control de este país por parte de los grupos talibanes . Ni tan siquiera se centra en las posibles influencias que la existencia de un régimen como éste puede tener en la evolución de la actividad terrorista.

Porque el terrorismo, en todas sus facetas, se desarrolla casi en cualquier ambiente. La experiencia nos dice que el radicalismo y la intransigencia sobre la que se basa puede arraigar  lo mismo en la ignorancia como en las élites intelectuales; en la pobreza como entre los más poderosos; entre personas que viven en sociedades abiertas y democráticas, como entre las que viven oprimidas por imposiciones dictatoriales de cualquier tipo.

Por su parte, la  geopolítica y la política internacional son parte de un juego de intereses y de poder, en el que el propio terrorismo no es más que una pieza. Un juego que se olvida de las personas o las ignora en sus decisiones, sabiendo incluso que millones de ellas pueden sufrir las consecuencias de cada uno de los movimientos de esa “partida”.

No es eso lo que nos preocupa, porque nuestra preocupación está en las personas. En las afganas y afganos que ahora van a sufrir las consecuencias de un gobierno cuyos intereses no es el bienestar de su sociedad ni va a permitir que sea la propia ciudadanía afgana la que decida su futuro.

Nos preocupan de una forma muy especial las mujeres y las niñas afganas que, casi con toda seguridad, van a  perder su estatus de personas, de iguales, para convertirse en sub-ciudadanas.

Nos preocupa la imposición de un gobierno en el que una religión, mejor dicho una visión muy concreta y radicalizada de una religión, va a determinar las leyes y la forma de funcionar de todo un país.

Nos preocupan los derechos humanos y la libertad de expresión, de cátedra, de pensamiento, de creencias, o de conciencia, que van a ser anuladas.

En definitiva, nos preocupa cómo esa dictadura va a influir en la vida y en los derechos de las personas.

Nosotros, como vascos, al ver lo que ocurre en aquel país, no podemos menos que recordar lo que nuestro pueblo sufrió con el alzamiento de los rebeldes en 1936 y con los cuarenta años de dictadura criminal que vivieron los vascos peninsulares. Lo mismo que recordamos los años de la ocupación nazi que sufrieron los vascos continentales.

Ellos viven ahora lo mismo que vivimos nosotros entonces: muerte, persecución, represión, y exilio. Por ejemplo, los talibanes, al igual que los franquistas, piensan que las mujeres son seres inferiores y sin derechos.

Afganistán y Euzkadi comparten también otra circunstancia trágica: la del abandono por las potencias que debían haberlas defendido del totalitarismo. El totalitarismo de 1936 y el de 2021. La realpolitik no puede ser la excusa para abandonar a los pueblos en manos de los tiranos.

Nos preocupa también la actitud de una parte de la sociedad que, por esa misma realpolitik, no se preocupa de los afganos y afganas, sino que analiza la situación actual con el prisma de que es una “derrota” de las fuerzas “imperialistas” y no el inicio de un calvario para todo un pueblo.

Por eso nos alegra tanto que en medio de todo este desastre, humano mucho más que político, el Gobierno Vasco, con el Lehendakari al frente, haya mostrado su disposición a recibir a ciudadanos afganos que busquen refugio huyendo de ese régimen totalitario.

Porque en eso los vascos no nos debemos olvidar de que no sólo somos un país de emigrantes, sino que somos un país de exiliadas y exiliados. Que los nuestros, nuestra gente, tuvo que huir de su tierra por causas políticas desde, al menos, 1839 con el final de la Primera Guerra Carlista. La mayor parte de aquel exilio encontró en América su tierra de acogida. Y aquí crearon sus nuevas vidas aportando lo mejor de lo que tiene nuestro pueblo a estos países.

Y a los gobiernos e instituciones internacionales hay que pedirles, nosotros lo hacemos, algo más que una reflexión. El abandono de un pueblo a manos de sátrapas, dictadores o regímenes totalitarios de todo tipo no es una opción, ni un mal menor. No se puede convertir a millones de personas en una pieza a sacrificar en la partida global. Reconocer a un gobierno dictatorial les hace cómplices de sus crímenes.

Las personas, los pueblos, o los estados,  ni podemos, ni debemos, ni tenemos derecho, a mirar a otro lado.  Al menos sin convertirnos en parte del problema y cómplices de sus consecuencias.

Hermandad de Nuestra Señora de Aránzazu de Lima
Limako Arantzazu Euzko Etxea – Lima Basque Center

 

Limako Arantzazu Euzko Etxea. Declaración sobre la situación en Afganistán