Josu Legarreta BilbaoJosu Legarreta Bilbao. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia. Ha desempeñado diversos cargos en el Gobierno Vasco; fue designado Director de Promoción del Euskera del Departamento de Cultura (1985), Director de Cooperación al Desarrollo (1991) y Director de Relaciones con las Colectividades Vascas del Mundo (1999). Ha dirigido la publicación de la colección Urazandi (29 tomos) y Derechos de los Pueblos Indígenas (1998). Es autor de las siguientes obras: Desde el Futuro – Nacionalismo es más democracia (2004); Sentimientos compartidos (2011); Udazkenean aske (2015); y La Cooperación vasca al Desarrollo (2016). También es coautor de: Un Nuevo 31: Ideología y estrategia del Gobierno de Euzkadi durante la Segunda Guerra Mundial a través de la correspondencia de José Antonio Aguirre y Manuel Irujo (2007); País Vasco, ¿un nuevo Estado? (2013); Somos Vasco-Argentinos (2016); y Adiós, Madre Patria (2017); El orgullo de ser agote (2018).

El primer artículo de esta serie que dedicamos al bicentenario de las independencias americanas, está escrito por Josu Legarreta Bilbao, un vasco que tiene un profundo conocimiento de estos países y del papel que los vascos han jugado en su historia.

En su larga carrera como servidor público en el Gobierno Vasco, ha estado al frente de dos direcciones clave en las relaciones de nuestro país con el exterior. Como se recoge en la resumida reseña que hemos incluido sobre él, ha sido Director de Cooperación al Desarrollo y Director de Relaciones con las Colectividades Vascas del Mundo.

Desde este puesto fue el impulsor de la colección Urazandi, que se ha convertido en uno de los repositorios más importantes sobre la historia y la labor de los vascos en el mundo. Una colección que, para nosotros, tiene un valor incalculable. No sólo por sus contenidos, sino porque se crea con la voluntad de ser accesible a todo el mundo: la colección esta disponible en formato PDF y con descarga gratuita.

El título de artículo, encaja perfectamente con la «excusa» con la que Limako Arantzazu Euzko Etxea, la Hermandad de Nuestra Señora de Aránzazu de Lima, el Fondo Editorial de la Revista Oiga, y la Asociación Euskadi Munduan, responsable del blog About Basque Country, pusimos en marcha este proyecto: el Bicentenario de la Declaración de la Independencia del Perú, celebrado el pasado 28 de julio.

Pero el artículo tiene una mirada mucho más amplia al apuntar algunas de las causas que marcaron el camino que convirtió a las colonias del Reino de España en las repúblicas que hoy conocemos. Para acabar con un reflexión sobre el peligro que acecha a la supervivencia de las  democracias en el siglo XXI, la pérdida de la ética en la gestión de la «cosa pública». Cuando la persona deja de ser el eje y centro de la acción política y económica de los gobiernos, muchas personas pueden tener, tienen, vidas tan injustas como las de la época de los colonizadores. Demasiado camino y demasiado esfuerzo para acabar casi en el mismo punto: un gobierno para las élites.


INDEPENDENCIA DE PERÚ

Josu Legarreta

Las conmemoraciones de las efemérides de las independencias provocan generalmente posicionamientos ideológicos contradictorios.  La casuística de los países latinoamericanos respecto a España es una nuestra más.  El escritor Carlos Fuentes, en su obra de reflexión histórica El Espejo enterrado (México, 1992)  describe esta realidad con una crudeza intelectual innegable: “Las posiciones en favor o en contra de España, su cultura y su tradición, han coloreado las discusiones de nuestra vida política e intelectual. Vista por algunos como una virgen inmaculada, por otros como una sucia ramera, nos ha tomado tiempo darnos cuenta de que nuestra relación con España es tan conflictiva como la relación de España con ella misma: irresuelta, a veces enmascarada, a veces resueltamente intolerante, maniquea, dividida entre el bien y el mal absolutos”.

Evidentemente, las reivindicaciones y luchas independentistas son exponentes de los sentimientos de malestar por las políticas impositivas de los gobiernos colonialistas. Debido a ellos el jesuita peruano Juan Pablo Viscardo y Guzmán escribió en 1792 la famosa “Carta a los españoles americanos”, considerada en palabras de Rubén Vargas Ugarte, como la “Primera proclama de la Revolución o acta de la independencia de la América Española”, publicada en francés en 1799 y posteriormente en español el año 1801. Sentimientos de dolor que conllevan al autor a reducir la historia peruana de tres siglos “a estas cuatro palabras: ingratitud, injusticia, servidumbre y desolación”.

Pero hubo también entre los políticos españoles quienes en sus informes al Monarca español le exponían como extremadamente delicada la situación política por la que atravesaban las colonias americanas; así, José de Abalos remitió al Carlos III en 1781 un informe de pronóstico de la independencia de sus colonias y de los graves peligros por los que atravesaba la monarquía, indicándole expresamente “me convence cada día más la necesidad de una prudente y pronta división de muchas de estas provincias, erigiéndolas en monarquías particulares que queden compartidas en las excelsas ramas de la augusta familia de V.M., para así preservarlas de las invasiones a que hoy se presentan expuestas, de la ambición, de la envidia, el amor de la independencia y de otra infinidad de enemigos”.

Dos años más tarde, en 1783, una de las personalidades más influyentes en la Corte de la época, el Conde de Aranda, remite su Dictamen reservado para el rey sobre la independencia de las colonias exponiendo su opinión de que “S.M. se desprendiera de todas las posesiones del continente de América, quedándose únicamente con ¡as Islas de Cuba y Puerto Rico en la parte septentrional y algunas que más convengan en la meridional, con el fin de que ellas sirvan de escala o depósito para el comercio español”, con una propuesta de creación de tres reinos: uno en México, otro en Perú y un tercero para el resto de los territorios, “tomando V. M. el título de Emperador”, a cambio, en el caso de Perú, de unos aportes económicos anuales pagaderos en oro.

Pero estas son referencias al pasado, cuando en realidad en palabras de Octavio Paz, “la palabra historia designa ante todo un proceso y búsqueda porque es movimiento y movimiento es un ir hacia… … ¿Hacia dónde? No es fácil responder a esta pregunta: los supuestos fines de la historia se han ido desvaneciendo uno tras otro. Tal vez la historia no tiene ni finalidades ni fin. El sentido de la historia somos nosotros, que la hacemos y que, al hacerla, nos deshacemos”.

Con esta conciencia de sujetos activos de la defensa de los derechos de Perú, el Cabildo Abierto de Lima declaró junto con el pueblo su independencia, tanto de España como “de cualquier otra dominación extranjera”.

Esta declaración, de profundo contenido conceptual, encierra también su mensaje futurista. Esta conjunción de fuerzas de la ciudadanía y de la clase dirigente es la garantía del futuro de los pueblos. Hace dos siglos se declaró la independencia de España, pero en este mundo globalizado es necesario esforzarse cada día por la independencia no sólo de los poderes externos, sino también de los internos.

Es preciso liberarse de las dictaduras de la clase dirigente propia que se acuerda de la ciudadanía cuando precisa de sus votos para acceder al poder, pero olvidándose de que hay comportamientos políticos que someten a la ciudadanía a vidas tan injustas como las de la época de los colonizadores. El Pueblo no gozará de la verdadera libertad mientras la clase dirigente, política y religiosa, no abandone su endiosamiento. El futuro de las independencias de los países depende sobre todo de que en los comportamientos de la clase dirigente se dé una verdadera revolución ética.

Imagen de cabecera: El desembarco del general San Martín en Paracas