Después de reflexionarlo mucho, escribimos sobre un asunto que nos preocupa cada vez más: la situación de la Comunidad vasca en Venezuela. La visión de los miles y miles de venezolanos camino de los países vecinos, y las descripciones que nos hacen amigos vasco-venezolanos de las situaciones de necesidad extrema que están viviendo, sobre todo los más mayores, nos han decidido a hacerlo.

No vamos a hablar de política.  No queremos “pontificar” sobre las posibles causas que estan ocasionando la situación dramática que están viviendo en estos momentos la mayoría de los venezolanos. Porque los problemas no son “de Venezuela”, sino para los que viven en ella.

En aquel país hermano se refugiaron miles y miles de vascos después de la Guerra Civil. Vascos que lo perdieron todo, que lo dejaron todo, perseguidos por un régimen criminal y fascista. Hoy, los niños que llegaron allí son ancianos que están muriendo en mitad de una nueva situación de miseria. Por su parte, sus hijos, los nietos de los que llegaron, están viviendo en una situación de extrema necesidad.

Los vascos de la Comunidad autónoma y de la Comunidad foral, tenemos mecanismos de solidaridad interna y externa. Ayudamos a nuestros compatriotas en nuestra tierra; a los que vienen y lo necesitan; o a los que viven situaciones de extrema necesidad en zonas de conflicto, desastre natural o hambruna. También los vascos de otros rincones del globo ponen en marcha mecanismos de apoyo cuando es necesario. De todo eso ya hemos hablado en algunas ocasiones.

Instituciones públicas y privadas se vuelcan, con el dinero de los vascos, en estas actuaciones solidarias que a nosotros, como vascos, nos hacen sentirnos orgullosos. Actuaciones que nosotros no vemos como una opción, sino como una obligación como seres humanos y como parte de una sociedad comprometida.

Nos preguntamos. ¿Nuestras instituciones no pueden crear mecanismos que ayuden a los vascos en situación de necesidad fuera de nuestro país?. En el caso de Venezuela esta necesidad es un grito que está llegando a todos los lugares del mundo. El éxodo de decenas de miles de venezolanos que lo dejan todo, no tiene diferencia con lo que ocurre en otros lugares del mundo. Como tampoco tiene mucha diferencia, en sus resultados prácticos, con lo vivido en el exilio vasco de los años 30 y 40 del pasado siglo.

Los vascos de todo el mundo fueron fundamentales para mantener vivas las instituciones de nuestro país en los tiempos más negros de la dictadura. Y buena parte de ella, en especial en países como Venezuela, está compuesta, como antes decíamos, por familias que ya lo perdieron todo hace 80 años, y que ahora están viviendo situaciones semejantes.

Nuestras instituciones tienen mecanismos que ya se aplican para ayudar a vascos en el exterior que se encuentran en situaciones de extrema necesidad. Cantidades que ante la situación de la que hablamos, y en comparación con los recursos que destinamos a otras actuaciones solidarias en el exterior y en nuestro país, se nos antojan insuficientes. Y no sólo para el caso venezolano.

Siempre hemos defendido que nuestra patria está formada por los vascos que viven en todos los lugares del mundo, y es el momento de  demostrarlo. Entendemos que la aplicación de unas medidas de ayuda de este tipo no pueden tener un mecanismo de aplicación sencillo. Pero creemos que la urgencia y la situación excepcional, exigen de unas medidas de solidaridad excepcional. Y tenemos a los Centros vascos para ayudar a ponerlas en marcha

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