Priscila Dieb es una brasileña que vive en Amsterdam y que este año ha decidido acercarse hasta Lisboa con escala (de ida y de vuelta) en el País Vasco. Nos cuenta su experiencia en el blog Chicken or Pasta del portal brasileño UOL.

Nos ha parecido extremadamente interesante la visión que ofrece de sus dos estancias relámpago en tierra vasca, ya que puede ser un magnifico ejemplo de cómo nos puede ver alguien que no sabe nada, o casi nada, de los Vascos.

En su entrada cuenta cosas muy interesantes, como su percepción de que estando en Bilbao en  Saint Jean de Luz o en Baiona, está dentro del mismo país. Lo mismo que su percepción de la belleza del entorno, o su narración de su paso por una Sagardotegi. O su reflexión final, en la que recoge su sensación de que este pequeño país guarda muchos secretos maravillosos que merecen la pena conocer.

25 residências com nomes próprios na porta em uma única rua. Sain Jean de Luz
25 residências com nomes próprios na porta em uma única rua. Sain Jean de Luz

Luego hay cosas realmente divertidas, como su extrañeza de que las casas en Donibane Lohizune, tengan “nombre propio”.  Una buena observación, que no hemos encontrado en los comentarios de muchos viajeros que nos visitan: en  El País de los Vascos es una constante que las casas tengan nombre. Pero seguro que le extrañaría, aun más incluso, saber que esas casas, la más antiguas y con más historia, son las que dan nombre (apellido) a sus moradores. Porque muchos de los apellidos vascos son en realidad el nombre de los caseríos donde habitaron sus familias. Un claro indicador de la importancia que el hogar, el caserío, tenía/tiene en la cultura vasca.

Nos ha desconcertado un poco su definición de Sain Jean de Luz. “A arquitetura meio francesa, meio alemã do século 19, transformou o balneário de férias em uma cidade com uma energia misteriosa”. Curiosa descripción para una población vasca que tiene más de mil años de historia (documentada) y que ha sido un lugar de cazadores de ballenas, pescadores, marinos, aventureros, piratas, corsarios,… Como ejemplo nos gustaría recoger aquí  un párrafo de la carta que esta ciudad mandaba a la ciudad normanda  de Dieppe en 1775, y que se recoge ne la Enciclopedia Auñamendi:

Balleneros y navegantes. En mayo de 1775 la comunidad de San Juan de Luz dirige este escrito al alcalde de la ciudad normanda de Dieppe, de tradición pescadora tan remota como Lohitzune.

“Los habitantes de San Juan de Luz y de Ciboure fueron los primeros que practicaron la pesca de la ballena; emprendieron la aventura con la ventaja de que 120 años antes de que Cristóbal Colón descubriera la Atlántida o las Indias Orientales, los vascos poseían las islas de Terranova y la tierra firme de Canadá, donde pescaron gran cantidad de ballenas; incluso, siguiendo las informaciones de Corneille Wisfler y Antoine Magun, autores flamencos, fue un piloto vasco el que dio la primera noticia del nuevo mundo al mencionado Colón. También fueron los vascos de San Juan de Luz y de Ciboure los que enviaron algunos barcos, el año 1617, al océano glacial de Groenlandia, que es el lugar habitual de las ballenas durante el día perpetuo que reina a lo largo de seis meses del año. Para impedir estos progresos, los ingleses, ignorantes de la pesca y celosos de esta invención, impidieron que los vascos bajaran a tierra en Islandia y en Groenlandia, lugares donde los vascos se dedicaban a fundir la grasa de las ballenas debido al descubrimiento de un habitante de Ciboure, Francois Sopite”

Luego está nuestra secular “pelea” con el uso de los términos. En Euskadi no se sirven tapas, se ponen pintxos. Dos términos que no se refieren a productos similares.

A nuestra visitante “de paso” sólo nos queda invitarla a que nos visite con calma. Merece la pena dedicar tiempo a conocer este fascinante pueblo que tiene a orgullo ser la cultura viva más antigua de Europa. Sin duda, será bienvenida.

 

Chicken or Pasta (UOL) – 9/8/2014- Brasil

O País Basco em 48 horas

“A mágica acontece quando saímos da nossa zona de conforto”. Me pergunto como traduzir essa máxima para a realidade do viajante? Se, por um lado, ninguém (em sã consciência) opta pelo desconfortável, por outro viajamos em busca de algo que não sabemos ainda que existe. Em qualquer viagem, essa mágica só acontece quando me jogo ao acaso. Lanço um olhar, como quem que não quer nada sobre o mapa e o impulso vira o guia. Atenção: zero apologias aqui, ok? Não quero ser responsável por ninguém que não encontre “a gig dos sonhos”, por jogar dardos no mapa, como maneira de escolher um destino.

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