No dejen de leer la declaración conjunta de cuatro blogs (incluido éste) de ambos lados del Atlántico en relación con las opiniones vertidas por  el Sr. Javier Rupérez en el diario monárquico español ABC sobre Pete Cenarrusa a los pocos días de su muerte

Pete Cenarrusa at Old Pete's corrals
Pete Cenarrusa at Old Pete’s corrals
(Photo by Glenn Oakley from Lava Lake Lamb, where Pete blogged occasionally)

Pete Cenarrusa era para nosotros, un vasco de los que desde fuera enseñan el camino a los de dentro. Un hombre comprometido con su comunidad, con su país de pasaporte, por el que trabajó y luchó toda su vida, y que eran los EE.UU. de América. Pero un país que compartía su corazón con otro que estaba a miles de km de distancia, Euskadi.  Es difícil no ver en este hombre de honor, tesón y principios, un modelo de referencia.

Nosotros, gentes de la Margen izquierda la Ría de Bilbao, hijos de la Euskadi que vivía los últimos años de la dictadura de Franco y que miraba con esperanza la posibilidad de recuperar el control de su destino, teníamos a los vascos del exilio como una especie de reserva de algunas de las principales esencias de lo había movido a muchos vascos a arriesgar su vida, su libertad y su futuro por La Causa del Pueblo Vasco. Aquella gente que se marchó, sobre todo a América, en un viaje que llegó a parecer con el paso de los años un viaje al olvido, eran los que editaban los libros que aquí estaban prohibidos, los que emitían los programas de radio que contaban lo que aquí no se podía contar, los que podían oír las canciones que aquí no se oían, … En definitiva, eran los que ayudaban a mantener encendida la llama de la esperanza en los negros años del oprobio.

Pero ¿Pete Cenarrusa? ¿Los vascos de la diáspora de USA? ¿Qué tenían que ver con eso? Ellos, la mayoría, o al menos muchos de ellos, se encontraban en esa parte del mundo por otros motivos. Muchos era hijos o nietos de vascos que habían emigrado a las tierra de Norteamérica por otras razones diferentes. Ligadas, en la mayor parte de los casos,  a la búsqueda de un futuro mejor.

Los veíamos más lejanos, casi como una especie de grupo aparte. Aquella percepción era consecuencia de la mezcla del desconocimiento en que nos sumía el agujero en que nos hacia vivir el fascismo, y de un pecado de ignorancia propio de la juventud. Con el tiempo, gracias a la desaparición del dictador y a una ligera reducción de nuestro nivel de ignorancia, hemos comprendido que desde las calles de Nueva York, hasta la costa del Pacífico, los corazones de muchos de los vascos de aquel país, laten a ritmo de zortziko.

Todo ello ha hecho que, para nosotros, sean una de las comunidades vascas más admiradas. Dos, tres y cuatro generaciones después, siguen sintiendo esta tierra vasca como su tierra, a la vez que se han convertido en ciudadanos especialmente respetados allí donde viven. Y lo son por valores especialmente vascos: su compromiso con la comunidad, su responsabilidad, su capacidad de trabajo, y el amor por su heritage.

Por todo ello, cuando nos enteramos del fallecimiento de Peter Cenarrusa, uno de los principales pilares y faros de la comunidad  vasca en los USA, sentimos una especial tristeza. El, desde su labor impecable como servidor público de Idaho, no abandonó su compromiso con sus hermanos vascos del interior, ni con el destino de la Patria Vasca. En un compromiso personal, impecable, por la Libertad y la Justicia.

También, por todo ello, sentimos una especial indignación al leer el infame “obituario” (por llamarlo de alguna forma) que el diplomático español Javier Ruperez ha escrito en el diario monárquico español ABC. Un texto que intenta manchar la memoria del vasco-americano y que ofende a todo el Estado de Idaho. Él fue embajador del Reino de España, con Jose María Aznar como presidente del Gobierno de España, y tuvo un auténtico enfrentamiento personal con Pete Cenarrusa. Un enfrentamiento en el que no consiguió su objetivo de callar a este hombre valiente y de claros principios democráticos. Ese fracaso le ha debido corroer las entrañas de tal manera, que le ha llevado a escribir un texto impropio de un hombre de bien. En lo que parece que es un intento de conseguir vencer de muerto a un hombre al que no consiguió vencer de vivo.

Nosotros no conocimos personalmente a este gran vasco y gran norteamericano. Si lo hizo un blogger al que seguimos habitualmente: Mark Bieter (y que ya hemos referenciado en nuestra web en otras ocasiones). El ha escrito una reflexión sobre Cenarrusa y sobre el artículo de opinión de Javier Ruperez. Lo ha hecho, como comprenderán cuando lo lean, con un profundo conocimiento de causa. Por eso, lo compartimos aquí, al igual que sabemos que lo van a hacer otros bloggers a los que seguimos habitualmente: Henar Chico, una vasca que vive y que escribe desde Boise,  y Pedro J. Oiarzabal, un profundo conocedor de la realidad vasca en el Oeste de los USA. Desde los cuatro blogs hemos hablado mucho estos días sobre lo que significaba el artículo de Ruperez, para concluir que no podíamos dejarlo sin una respuesta. Y por eso, estamos escribiendo un post conjunto en el que vamos a resumir de forma colectiva lo que pensamos, y sentimos,  ante la indignidad y la injusticia llevada a cabo por el político español.

El ex-embajador y diplomático acaba su texto sobre Cenarrusa, con una terrible referencia a una frase atribuida a Mark Twain: No todos los fallecimientos son recibidos de igual manera. Consideramos que es propio imitarle y cerrar este comentario dedicado a él, con otra cita del gran escritor norteamericano: Es mejor tener la boca cerrada y parecer estúpido que abrirla y disipar la duda.

Les dejamos la reflexión de Mark Bieter y una imagen del texto publicado en el ABC y firmado por Javier Ruperez sobre Pete Cenarrusa (curiosamente no está accesible en la web del diario, como si les diera algún reparo exponerlo al mundo).

Con toda seguridad, mañana compartiremos la reflexión nacida de los cuatro blogs.

BIETER BLOG – 8/10/2013 – USA

In defense of Pete Cenarrusa

For days I had planned on posting a tribute to long-time Idaho public figure Pete Cenarrusa, who died last week at age 95.  Unfortunately, it took a disparaging article by somebody who never knew him to get me to do it. To begin with, it’s strange to speak of “defending” Pete Cenarrusa from anything.  He was a wonderful person, somebody many of us admired and respected.  But he he was also a lifelong rancher, a tough man who saw his share of battles, political and otherwise. 

(Sigue) (Traducción automática)

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El “obituario” de Javier Ruperez sobre Pete Cenarrusa

Descargar (PDF, Desconocido)

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