Guillermo Sales García Egocheaga es un vasco que decidió emigrar al sur de Bolivia, cerca de la frontera con Argentina, con el objetivo, estamos seguros, de buscar una vida mejor y poder desarrollar una vida personal y laboral plena.

Estamos seguros de que ni podría haberse imaginado cuando llegó a Tarija  en 2006 el calvario que le iba a suponer intentar regular si situación como inmigrante consiguiendo todos los papeles necesarios para poder vivir en Bolivia dentro de la legalidad. Su historia se asemeja a una “carrera hacia el abismo” impulsada por un sistema burocrático que parece que ha estraviado la perspectiva de atender a las “personas” para centrarse en un laberinto burocrático del que parece que ni los propios burócratas que lo han construido saben salir.

Para su desgracia, la del vasco que quiere ser naturalizado boliviano, parece que su integridad, denunciando los atajos y los “hilos de Ariadna” poco legales que le proponían algunos de los burócratas (a cambio de una jugosa cantidad de dinero, claro está), no le ha favorecido mucho en su camino para conseguir que le “sellen los papeles”.

La situación real es que ahora, se encuentra en una situación “alegal“, reconocida por las propias autoridades, y ante una administración que le reclama que vuelva a entregar los papeles ya entregados. Una situación que resulta de difícil resolución para una persona que ya ha agotado sus recursos, su paciencia y parece que incluso en buena parte su energía y voluntad . Sin duda se encuentra en una situación de indefensión y desprotección ya que ni puede ganarse la vida de una forma legal. Algo que se puede observar incluso en su aspecto físico.

Esperemos que la difusión de su situación, realizada por Jesús Cantín en el diario boliviano El País, ayude a desatascar la situación, humanice la burocrática alma de la administración, y permita que Guillermo Sales García Egocheaga pueda al fin conseguir, algunos de los sueños que le llevaron desde su tierra vasca al sur de Bolivia.

El País  – 5/9/2016 – Bolivia

El vasco Guillermo, diez años atrapado en Tarija

Cuando Guillermo llegó, Evo Morales llevaba apenas nueve meses en Palacio Quemado y el país ya daba síntomas de ansiedad tras la efervescencia revolucionaria de 2003 que sacó al presidente en helicóptero a punta de dinamitazo en El Alto y acabó con los movimientos sociales triunfando en las elecciones de 2005. El enorme vasco de 1,90 de estatura, aterrizó en la recóndita Tarija, tan lejos de todo, con la polera del Athletic y la naturalidad del superviviente dispuesto a comerse el mundo. En cuatro meses, su compañera de viaje retornó a España, se casó y formó familia. Diez años después, Guillermo busca su sitio en un país en el que no existe.

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