(Imprescindible leer las dos entrevistas para poder comprender el enfado que recoge esta entrada)
No perderse la entrevista a Angel Lertxundi, que cosas de las vida, se publicaba el mismo día en el mismo medio

Así se despachaba el escritor español, nacido en San Sebastián, Fernando Aramburu, después de haber recibido el VII Premio Tusquets Editores de Novela por su obra “Años lentos”:

“Los escritores de mi generación deben estar a la altura de los tiempos que les tocaron vivir. Los que no lo hicieron quizás fue por miedo o por el deseo, equivocado desde mi punto de vista, de pasar página. No hay que olvidar que ETA todavía existe”. Aramburu consideró que los autores no pueden ser superficiales. “No mirar para otro lado como hace un autor como Bernardo Atxaga, un hombre con poco coraje y con mucho miedo cuya última novela transcurre en el Congo y no en el País Vasco”, afirmó.

Nos imaginamos al Sr. Aramburu convencido de poseer la verdad absoluta, la medida perfecta de lo que debe, o no debe, escribir un literato para ser superficial, como Atxaga, o profundo, como el propio entrevistado. Hacía tiempo que no leíamos acumuladas, en un solo texto, tal cantidad de frases llenas de parcialidad y voluntad de manipulación y engaño. Hay análisis parecidos que se pueden leer en algunas webs de la ultraderecha española, mantenidas por esos que cantan, con enorme devoción, el himno falangista al que le puso música otro español nacido en Gipuzkoa, Juan Tellería.

El Sr. Aramburu tiene un serio problema y es que ha confundido sus traumas infantiles con la realidad social de la época, con el mundo que le rodeaba. La historia que usa para explicar la labor ideologizante de los manipuladores curas nacionalistas vascos, más bien parece la explicación de un jovenzuelo pillado en falta, que la reflexión de un intelectual. Se olvida que en los años 60, Gipuzkoa, al igual que el conjunto de Euskadi, así como el Reino de España,  estaba sometida a una cruel dictadura obsesionada en acabar no sólo con todos los movimientos democráticos en general, sino con el nacionalismo vasco en particular. Los rojos-separatistas de las pesadillas del dictador Franco y sus amigos.

Aunque hay que reconocer que coincidimos en algo con el Sr. Aramburu, cuando afirma:

La responsabilidad de la Iglesia es grande. Hay una tarea de esclarecimiento y de explicación por hacer. La Iglesia tiene una pregunta pendiente que aún no ha respondido, la de su implicación en la ideologización de unos jóvenes que acabarían empuñando las armas.

Lo estamos, porque la Iglesia española aun no ha explicado, ni ha pedido perdón por su labor de apoyo a la insurrección militar y al régimen dictatorial franquista.

¡Ah! Disculpen, que no se refería a eso. Después de todo, esa parte de la historia de la Iglesia española, sólo ha significado su apoyo a los actos ilegales que causaron millones de muertos y un régimen de terror que ha durado 40 años. Nada comparable con las perversas, inaceptables y horribles desviaciones pro-democráticas,  liberadoras y nacionalistas vascas de un grupo de curillas de barrio. Porque aquellos curillas de barrio no hacían otra cosa que mantener y defender la postura que mantenía y defendía una parte significativa del clero vasco que, desde la Guerra Civil, permaneció al lado de la población y se opuso a la dictadura.. Una Iglesia vasca comprometida con su pueblo, su cultura y sus derechos. Comprometida hasta el punto de que, durante todos los años negros de la dictadura, hubo sacerdotes vascos encerrados en las cárceles por su oposición al Régimen. Una Iglesia vasca, vigilada y perseguida, que defendió la cultura de nuestro país, que se mantuvo en la vanguardia de la defensa de los pobres, de los derechos políticos individuales y colectivos, y  de los derechos sociales. Una iglesia vasca que tuvo un papel preponderante, a través de sus misioneros en Sudamérica, en  la puesta en marcha de la Teología de la Liberación, en la defensa de la Iglesia de Jesús de Nazaret. Esa es la Iglesia que tanto molesta e irrita al Sr. Aramburu.

Porque  el Sr. Aramburu, se olvida de que aquellos curas, rojo-separatistas, aquella Iglesia vasca, eran una auténtica excepción en una Iglesia que paseaba bajo palio al dictador; que había bendecido las armas que usaron los rebeldes fascistas; y que justificaron, cuando no aplaudieron, los asesinatos indiscriminados de republicanos realizados con el apoyo y beneplácito de las autoridades fascistas. Aquellos curas de barrio, lo que hacían era enfrentarse al Monstruo de la mejor manera que sabían. Aunque también es comprensible que para un joven con un profundo amor a la España Única, no era algo agradable.

El Sr. Aramburu, se acuerda de lo malos que eran los nacionalistas vascos. Sin duda eran malísimos, se oponían a la España. Una, Grande y Libre de Franco y sus aliados ideológicos y de interés. Ademas, se queja amargamente, de que eran privilegiados los euskadunes, en una sociedad en la que hablar euskera estaba, si no ya prohibido, si mal visto por la autoridades. Todo ello en función de sus vivencias personales, de sus traumas infantiles, porque no le dejaron aprender a tocar la guitarra ni el txistu.

Luego nos encontramos con la actitud complaciente, o ignorante, del entrevistador cuando le pregunta :

-¿Cómo eran los sicarios, como se dice aquí en México, de ETA?

Cuando los llama sicarios (un sicario o asesino a sueldo es una persona que mata por encargo a cambio de un precio), se olvida de que se está refiriendo a los miembros de ETA de los años 60 y 70. De los tiempos de la juventud del Sr. Aramburu. Cuando aquellos jóvenes se enfrentaban a una dictadura. Es verdad que para el escritor aquel movimiento nacionalista vasco y  antifascista no era correcto. Pero lo preocupantes es que en la entrevista no queda claro si no lo veía como correcto, por violento, nacionalista, o simplemente por anti-franquista.

Pero la verdad es que el Sr. Aramburu es capaz de superar el escaso nivel del entrevistador, a la hora de responder a la pregunta. No contesta al cómo, sino a quiénes eran, o de dónde provenía. Lo hace, dividiendoles en dos arquetipos, los vascos que provenían de familias nacionalistas y que estaban convencido de que el Pueblo vasco era una víctima ( es cierto, la dictadura de Franco, no generaba víctimas), o eran  inmigrantes o hijo de inmigrantes que trataban de integrarse mediante la militancia. Eso lo hace en México, un país donde la Independencia la lideraron hijos y nietos de inmigrantes, y donde los refugiados republicanos españoles que tuvieron que huir al ganar Franco la Guerra Civil, tienen ya nietos e incluso biznietos. ¿Será que los hijos de esos españoles no tendrían derecho a participar en la vida social y política de México? Igual para el Sr. Aramburu no. Porque, después de todo, no eran más que hijos de inmigrantes. No nos imaginamos una actitud mas clasista y racista, que la de los que piensan así.

Luego se atreve, sí se atreve, a añorar la Donostia, perdón el San Sebastián de los años 60. Lo dice claramente:

Quienes vivíamos en San Sebastián teníamos la ventaja de que en media hora estábamos al otro lado de la frontera y podíamos comprar libros, prensa o música prohibida en España. Era una ciudad con orgullo cosmopolita que mantuvo el festival de cine, inauguró el de jazz… tenía el deseo de ocupar un lugar en el planeta. Luego esto se perdió, sobre todo en la década 1977-1987 y el nacionalismo tuvo una responsabilidad en esa pérdida.

Qué poca vergüenza, qué miseria moral. Aquella San Sebastián que recibía a Franco, es decir, la clase dirigente franquista que dominaba la ciudad era, para él,  realmente cosmopolita y abierta. No como esos aldeanos nacionalistas que se atrevieron a ganar unas elecciones democráticas y a gobernarla con el inicio de la Monarquía parlamentaria. Al Sr. Aramburu no le importa que entre 1977 y 1987 el mundo en general, y Euskadi en particular, viviera una de las mayores crisis que se conocen; no le importa que las instituciones democráticas tuvieran que rehacer un Pais que había sido destruido por la incompetencia y la incapacidad de los gobernantes franquistas. Para el Sr. Aramburu, todo eso no es más que una excusa de los nacionalistas  para intentar justificarse ante la evidencia de que los realmente positivo para la capital de Gipuzkoa era que la gobernasen los franquistas, “aquellos sí que eran buenos tiempos”.

Para seguir definiendo con claridad  sus principios ideológicos y morales, el Sr. Aramburu se dedica a hablar de los escritores vascos, que escriben en euskera. Para él, eso de que existen lectores en euskera y por tanto es necesario el apoyo oficial, es una ficción. Está claro, si alguno de los que habla euskera, ese lenguaje primitivo e e imperfecto, tiene deseos de leer algo (cosa difícil), que lo haga en castellano o en francés, es decir en dos lenguas civilizadas y con futuro. Además, los escritores en euskera no son más que unos sicarios de la literatura (por usar el término incorporado a la entrevista por el sagaz entrevistador). Después de todo, como él afirma,  La subvención tiene un doble peligro: te permite ser escritor pero sabes que si te sales del camino te pierdes parte del pastel. No nos explica cuál es ese camino que hay que seguir, si lo marca ETA, los violentos, o el nacionalismo en general. Poro nos da la impresión de que lo ve digno de ser revisado por la Audiencia Nacional.

Y es aquí donde le dedica esa lindeza a Bernardo Atxaga, al que le considera  una persona de poco coraje y mucho miedo, incapaz de escribir la VERDAD, por lo que parece que son razones crematísticas y de cobardía moral. Eso sí,  él sí escribe la VERDAD. Esa que gusta tanto en la Capital del Reino a los poderes políticos y económicos. Esá que te asegura ediciones con una adecuada campaña de marketing; y te ofrece premios e  invitaciones a conferencias… Esa sí que es una VERDAD real. Después de todo, cómo no va a ser real, si le da tan buenos resultados.

Fernando Aramburu con el premio recien concedido

Por último se dedica a hablar de política (es una ironía, porque es de lo único que ha hablado en toda la entrevista) y habla del final de ETA y de las dudas y temores que le produce. Sin duda, el abandono definitivo de la violencia por parte de la organización terrorista, es una de mas mejores noticias que hemos recibido los vascos en los últimos años. Aunque parece que al Sr. Aramburu no le hace mucha gracia, o mejor no le ofrece mucha confianza:

ETA es una organización creada para ejercer la violencia. Esa violencia perdura aunque no actúe. Ahora se nos pide que tengamos confianza en personas que han matado a 800 seres humanos, a lo cual me niego. ETA no se disuelve porque es su única carta para presionar por la liberación de los reclusos. Disolución a cambio de presos es la clave del final.

Hace poco más de 30 años muchos ciudadanos tuvimos que tener confianza, a la fuerza, en los miembros del sistema franquista que decían que se iban a convertir a la democracia. Para abandonar su ideología franquista, no nos pidieron nada más que una amnistia completa de todos sus crímenes. Pero caro, eso era poca cosa. Así que nos pidieron, además, el seguir en sus puestos, como policías, jueces, abogados, funcionarios, … Todo eso no es más que una nimiedad si lo comparamos con  la inaceptable petición de la banda terrorista que es buscar una salida a sus presos.

Hace 35 años, no hizo falta un proceso de desnazificación, a pesar de que todos ellos eran miembros de un Régimen fascista, amigo y colaborador de todos los movimientos nazis pasados y presentes del mundo. Ahora sin duda los miembros de la izquierda abertzale, al menos los más radicales, van a tener que aprender a vivir en un sistema democrático, donde, deben aprender que no es posible imponer las ideas a los demás por la fuerza. Pero si aquellos españoles, defensores y protagonistas del régimen dictatorial de Franco, fueron capaces de hacerlo, ¿Por qué dudar que en este caso va a ser más difícil?

Nota

Fernando Aramburu ganó en 2001 el Premio Literarario Euskadi  (en castellano), con su obra “los ojos vacios”(publicada, que casualidad pro la misma editorial que le ha concedido el premio este año). No sabemos si por entonces era un escritor superficial, o por el contrario la concesión de ese premio fue una excepción que confirma la regla.

La justificacion del jurado para concederle el premio, de 3 millones de ptas de entonces, es decir unos 18.000 euros de hace 10 años fue:

El jurado ha acordado conceder el Premio literario “Euskadi”, en su modalidad de literatura en castellano correspondiente al año 2001 al libro titulado LOS OJOS VACÍOS escrito por FERNANDO ARAMBURU y editado el año 2000 por TUSQUETS EDITORES por su calidad literaria y su conexión con la tradición de la novela picaresca contemporánea; por el uso de la ironía del autor en la construcción de los personajes y la creación de un escenario alegórico, casi mítico, con ecos de conflictos muy diversos de la primera mitad del siglo XX que, sin embargo, permiten lecturas muy actuales.

El Informador – 4/12/2011 – México

Los escritores vascos no son libres

El escritor Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) ganó el martes pasado la séptima edición del Premio Tusquets por su novela Años lentos, en la que, a través de las experiencias de un niño, recrea el nacimiento del grupo terrorista ETA. El fallo del premio, dotado con 20 mil euros (casi 400 mil pesos), se hizo público en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. El jurado del premio, formado por Juan Marsé, Almudena Grandes, Juan Gabriel Vásquez, Rafael Reig (ganador en 2010) y Beatriz de Moura, valoró “la narración dickensiana de una infancia en los años sesenta en el País Vasco” y el que Aramburu ofrezca una brillante reflexión en la que el recuerdo personal y la memoria colectiva se unen en un turbio trasfondo de complicidades con la violencia etarra.

(Sigue) (Traducción automática)

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Rio Negro – 30/11/2011 – Argentina

Fernando Aramburu obtuvo el Premio Tusquets de Novela

El escritor vasco Fernando Aramburu se hizo acreedor al VII Premio Tusquets Editores de Novela con “Años lentos”, informaron ayer los jurados en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Los jueces, entre quienes estuvieron los escritores Juan Marsé, Juan Gabriel Vázquez, Almudena Grandes, Rafael Reig y la editora Beatriz de Moura, valoraron “la narración dickensiana de una infancia en los años 60 en el País Vasco”.

(Sigue) (Traducción automatica)

 

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