Praga es una ciudad de adjetivos: hermosa, sorprendente, impactante, elegante, cautivadora, amable, acogedora, brillante, cultural, divertida, histórica, multicultural, abierta, europea, bohemia, intelectual, cinematográfica …

Son muchos, y la verdad que todos positivos, los adjetivos que nos vienen a la cabeza tras pasar por la capital de la República Checa. Pero si nos pidieran escoger sólo uno de ellos, uno que resumiese la sensación que se siente al caminar por sus calles, nos quedaríamos con Mágica. Praga nos parece una ciudad mágica. Capaz de ofrecer a sus habitantes y visitantes una “Europa concentrada”.

Esta ciudad se encuentra en el centro de dos ejes europeos fundamentales: el eje este-oeste, formado por las ciudades de París, Praga y Varsovia; y el doble eje norte-sur, que se extiende bien desde Copenhague hasta Roma, pasando por Berlin y Praga, o bien desde Copenhague hasta Atenas, pasando por BerlínPraga y Budapest. 

Palacio Schwarzenberský detalle
Palacio Schwarzenberský detalle

Es decir, en el punto central de las conexiones entre la Europa del Norte y la Europa del Sur y entre la Europa occidental y la Europa oriental. Una posición geográfica que ha convertido a Praga en un auténtico cruce de caminos, de historia y de cultura europea. En especial a partir del reinado, en el siglo XIV, de Carlos IV, que fue nombrado Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. La ciudad está llena de referencias a este monarca, lo que no es difícil de entender, viendo el impulso que le dio a la ciudad y que ha conseguido que durante los 7 siglos siguientes (hasta la actualidad) sea una ciudad referente europea y una de las más bellas del continente.

Junto a las huellas de este rey clave para la historia de Praga, los vascos que la visiten van a encontrarse con las importantes huellas que dejó la obra de un vasco. Nos referimos, claro está, a la presencia de los Jesuitas en esta ciudad, que tuvieron un papel predominante Chequia tras la Guerra de los 30 años.

Praga es una ciudad que necesita, para ser adecuadamente descubierta, mucho tiempo. Puede que una vida. Así que en nuestra estancia apenas hemos podido vislumbrar un pequeño reflejo de todo lo que se esconde en sus calles, en su gente y en su historia.

En Praga hemos vivido una sensación que producen sólo algunas ciudades muy especiales. Estamos acostumbrados a que algunas grandes capitales nos despierten el recuerdo que han sembrado en nosotros libros y películas. Es fácil que la primera vez que cualquiera de nosotros visitamos Washington, Londres, Paris o New York, tengamos la sensación de encontrarnos ante lugares que conocíamos íntimamente.

Esa misma sensación hemos tenido al visitar esta ciudad. No sólo porque hay rincones de la ciudad que hemos conocido a través de películas. Sino, sobre todo, por el encuentro con tres historias que siempre nos han fascinado: el Moldava, Fausto y el Golem. todo ello unido a un escritor extraordinario, Frank Kafka.

El Moldava

El poema sinfónico de Bedřich Smetana que forma parte de su obra “Mi patria” y que lleva el nombre del río que cruza Praga, siempre nos ha fascinado. El autor, uno de los más importantes representantes del nacionalismo musical checo, nos describe el curso de este río desde su nacimiento hasta su desembocadura en el Elba.

Fausto

Es cierto que la leyenda del doctor Fausto, que vendió su alma al demonio Mefistófeles a cambio de la capacidad ilimitada de conocer los más recónditos enigmas del Universo, nace en Alemania a lo largo del siglo siglo XVI. Pero en Praga podemos descubrir ramificaciones y elementos de esta leyenda que son sumamente interesantes. Porque en Praga vivió un personaje real llamado Johannes Faust y la leyenda relacionó a la capital checa también con el doctor Fausto mítico. Una leyenda que ha dado lugar a obras de arte  extraordinarias como el Fausto de Goethe o  la ópera de Gounod con un libreto basado en la obra de Goethe.

El Golem

Detalle de la estatua de Maharal de Praga, creador del Golem en el ayuntamiento de Praga
Detalle de la estatua de Maharal de Praga, creador del Golem, en el Ayuntamiento de Praga

La leyenda de la figura de barro, que tenía vida, y que Judah Loew ben Bezalel, conocido como el Maharal de Praga, un destacado rabino del siglo XVI, creó para defender el gueto de Praga de ataques antisemitas, así como para atender también el mantenimiento de la Sinagoga Vieja-Nueva (Altneuschul). Un tema que nos fascinó desde que  vimos por primera vez el clásico del cine expresionista alemán Der Golem, wie er in die Welt kam, dirigida por Paul Wegener y basada en la obra de Gustav Meyrink.

La mezcla de elementos esotéricos (o al menos exóticos para los no inmersos en esa cultura), como la alquimia, o la cábala, unido a la tragedia que, pocos años después de escribir este libro y publicarse esta película, vivieron los judíos europeos, siempre han ayudado a que para nosotros esta historia fuera fascinante. Para nosotros, la locura colectiva que es el intento de eliminación física de todos los judíos impulsada por el nazismo (que sin la existencia de una base social y cultural que “justificase y diera cobertura” a esa barbarie, jamas hubiera podido ser posible), siempre ha sido motivo de un profundo interés.

Franz Kafka

Leer a Kafka produce adicción a la vez que desasosiego. Este autor nacido en Praga tiene una profunda conexión con esta ciudad y uno puede notar su presencia en cualquier rincón de la ciudad.

Este autor es un precursor en la descripción de las angustias a las que personas empezaban a enfrentarse con el cambio de las estructuras económicas, políticas, y sociales que se sacudieron Europa a lo largo del siglo XIX. Recoge en su obra con brillantez el desasosiego por los cambios y el miedo que estos cambios producen y que llevan a vivir un sentimiento de desconcierto ante circunstancias que no controlan. Todo ello sin olvidar el origen judío del autor y por lo tanto sin olvidar la presión que tuvo que sentir de una manera directa por la ola antisemita que se había extendido, de nuevo, por toda Europa (que en Francia se revelaba pocos años antes con toda su crudeza con el Caso Dreyfus) y que acabó con la ignominia del Holocausto.

Una ciudad que hay que visitar

Durante nuestra estancia en la capital de la República Checa pudimos disfrutar de algunos de sus rincones más conocidos, típicos y recomendables. Pero que, no nos olvidemos, no son más que algunos de sus rincones. Porque esa ciudad, y ese país, nos sorprende en cada esquina, en cada fachada, en cada rincón.

Vista de la Catedral de San Vito en el corazon de El Castillo de Praga
Vista de la Catedral de San Vito en el corazón del Castillo de Praga

Visitamos el Castillo de Praga, que es más una ciudadela dentro de la ciudad que lo que habitualmente se entiende por un castillo. Podremos visitar y disfrutar de su catedral, imponente y poderosa, vigilando toda la ciudad. Conocer su Palacio Real de un belleza extraordinaria y donde se puede asistir al Cambio de la Guardia o, con un poco de suerte (como en nuestro caso) al espectáculo que ofrece la guardia de honor, banda incluida, formada para recibir a una personalidad que visitaba al Presidente de la República. Acercarnos a su mágico y un poco desconcertante Callejón del Oro. Todo ello en lo que se nos presenta como una “ciudad dentro de la ciudad“.

Pudimos disfrutar de las vistas que ofrece el Monasterio de Strahov (Strahovský klášter) y que son absolutamente imprescindibles. Además allí tuvimos un muy recomendable encuentro con la gastronomía local.

El Puente de Carlos, que es el más evidente legado del rey checo y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Carlos IV. El monarca que, en el siglo XV, hizo de Praga  la gran ciudad europea que aun es hoy. Nosotros disfrutamos de él prácticamente de noche, algo que agradecemos porque está libre de las masas de turistas y se disfruta de unas extraordinarias vistas nocturnas. De día lo hicimos como parte del paisaje en un recorrido que hicimos hacia el Teatro Nacional por las orillas del Moldava.

Realizamos también de un recorrido nocturno por las calles de Praga conociendo algunas de sus leyendas y sus historias. Lo que nos sirvió para explorar la ciudad desde una perspectiva cultural (y horaria) bien diferente. No sin antes pasar por su mundialmente conocido Reloj Astronómico, que es una pieza única de la ingeniería medieval.

Sinagoga Vieja-Nueva de Praga
Sinagoga Vieja-Nueva de Praga

Visitamos la Sinagoga Vieja-Nueva de Praga, el lugar donde ocurren los sucesos que cuenta la Leyenda del Golem de la que hablábamos antes,  paseamos entre las callejuelas viendo el Museo Judío de Praga y  su impresionante cementerio. Cada vez que nos encontramos ante elementos de la historia de los judíos europeos nos acordamos de los más de 100 marinos vascos que, atendiendo las órdenes del Gobierno Vasco, tras la II Guerra Mundial ayudaron a que miles y miles de supervivientes de los campos de concentración del nazismo y sus aliados, pudieran llegar a Israel.

Praga es una ciudad para pasear, para perderse voluntariamente por las calles de su parte antigua, para comprar cristal checo, o alguna joya adornada con un granate extraído de las minas del país, y que es la piedra nacional de la República.
Praga es la ciudad para disfrutar del Teatro Negro , originario de esta ciudad y en el que todo parece mágico. Praga es la ciudad para disfrutar de todos los estílos de música, de los museos, del arte… Porque Praga es una ciudad con una vida cultural extraordinaria, donde lo difícil es escoger entre tanta oferta atractiva.

Nuestros escasos 2 días en en Praga nos parecieron muy pocas para conocer una ciudad mágica. Así que, estamos seguros, volveremos.

Información práctica

Recomendamos visitar la sección que, con ese nombre, ofrece la web Czech Tourism donde se encuentra mucha información práctica, folletos en formato digital y una app para teléfonos Apple y Android, que funciona incluso sin cobertura de datos.

Imágenes de Praga

Viajamos a la República checa invitados por la oficina de Czech Tourism en la Península Ibérica.

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