Cabanillas, Cadreita y Carcastillo

tercera entrega represión en la Ribera de Navarra

Cabanillas

La tierra seguía siendo el problema más acuciante en las Elecciones Municipales de Abril de 1931. Una vez más la izquierda impugnó las elecciones, y la derecha siguió manteniendo la mayoría, esta vez con tres concejales de UGT dentro del consistorio. En el año 1933 se ocuparán tierras de forma simbólica, y serán desalojados por la Guardia Civil. En 1935 la tensión con la tierra va en aumento, las corralizas seguían llecas y 80 afiliados de la UGT empiezan a roturarlas. La Guardia Civil acude a los plenos municipales.

El 18 de julio traerá como primera medida la destitución de los tres concejales de izquierdas y el vecino Valentín Cervera, cuando levantaba el puño, al paso de los camiones de los requetés fue tiroteado, herido, conseguirá escapar. El 3 de agosto detienen a nueve personas, entre ellos Luis Aguado, padre de seis hijos, Pedro uno de los hijos también es detenido. En este grupo estarán Teófilo Julio Cervera, Julián Paz, Macario Marín, Manuel Jimeno, Luis Pérez Galindo,  los hermanos Pascual y Gregorio Pérez que cuando los llevaron a fusilar,  pudieron escapar, tras dar una patada a uno de los matones. A Pascual Pérez lo fueron a buscar al Hospital al enterarse que estaba herido, lo fusilarán al salir del centro médico tudelano. Gregorio Pérez, el otro hermano, estará escondido durante diez años en casa.

A Felisa Aguado de 64 años y a su hija Simona de 19 años, de familia comunista, les cortaron el pelo. A Simona, la hija, la violaron repetidamente en la cárcel de Cabanillas, los gritos de auxilio se escuchaban desde la calle, y también los gritos llamando al Párroco Don Carlos que vivía enfrente: “¡No me hagáis más!, ¡No me hagáis más!”. Fueron fusiladas en Valtierra, en el camión se llevaron también a otros dos hermanos de Simona, uno de 14 años, que fue salvado por el Párroco en última instancia, y otro llamado Proceso, que fue tiroteado en el Puente de Tudela, cayó herido, y luego desaparecido.

Fueron también fusilados Santiago Pérez, cuando fue a buscar a su hijo fusilado, y Leoncio Serrano, fusilado en Castellón, tras ser denunciado por vecinos del Pueblo. La represión siguió durante años con vecinos sometidos a trabajos forzados, insultos, multas y confiscaciones de bienes. Todas las denuncias contra los vecinos de izquierdas y sus familias se sustentaban en no ir a misa y no ser del Movimiento Nacional.

Cadreita

Hablar de Cadreita es volver al feudalismo. Es hablar de Miguel Osorio, “Grande de España”, Duque de Alburquerque, de 30.500 robadas de tierra, es hablar de casas habitadas por colonos de su propiedad. Cuando llegó la República, la Coalición Republicana-Socialista triunfó y desde el Centro Republicano mandaron un escrito al Presidente del Gobierno en funciones, que resume el sentir mayoritario de un Pueblo de 1.300 habitantes en 1930, solicitando el reparto de las tierras: “…no hemos salido del dominio de un señor feudal que nos domina en vidas y haciendas, ya que no en conciencias, pues la nuestra se mostró libre el 12 de abril”.

En Cadreita, a diferencia del resto de la Ribera baja, los asesinatos se retrasaron varios meses. Empezaron con los cortes de pelo a Presentación Preciado, Beatriz Rubio, Felipa León, Julia Martínez,…pero no dieron de beber aceite de ricino, les quitaron el agua a los de izquierdas cuando les tocaba regar la tierra, las mujeres eran insultadas, se obligó a los hombres a trabajar con caballerías y brabanes, a trabajar gratis en los campos de los de derechas, les quitaron bienes y animales.

Los primeros asesinados fueron los que habían sido obligados a apuntarse al Tercio de Sanjurgo, seis jóvenes cadreitanos fusilados en Zaragoza en octubre de 1936: Marcelino Cambra, Julián León, José Ochoa, Emiliano Pérez, Nicolás Preciado y Pedro Preciado. El alcalde Cipriano Sánchez “Rojillo”, estaba escondido en la Bardena, allí conoció a su hijo recién nacido cuando le llevaban comida y agua. En octubre será descubierto y lo fusilaran en la Balsa El Rey.

El 12 de noviembre, sacaron de la cárcel de Tudela a once cadreitanos, “para ponerlos en libertad”, los fusilaran a la noche en el término de Balsaforada. Estaban el exalcalde Benito Burgaleta, Mauro Alio, labrador, Modesto Esparza, Eusebio Jiménez, Galo Oscoz, padre de seis hijos, Ciriaco Pejenaute, concejal, a quien sacaron enfermo de su casa, Tomas Pérez, los hermanos Ángel y Antonio Sánchez y Ángel Prat.

Cuatro días más tarde, en una redada por el Pueblo, se llevaran a Sabino López, padre de 8 hijos, Luis León, José Vicioso y su hermano Pío, Alejandro Oscoz, Julián Torres, Micaela Ochoa, madre de seis hijos, Santiago Ochoa, padre de cinco hijos, Segundo Montes, León Sabanza, …todos fueron fusilados.

Algunos vecinos escaparon a la bardena, serán perseguidos y asesinados y a día de hoy sus cuerpos no han aparecido. Las viudas y huérfanos sufrieron durante décadas la represión franquista. A Vicenta Cambra, viuda de Alejandro Oscoz, fue echada de su casa. La Guardia Civil llamaba la atención de las mujeres de izquierdas que no acudían a misa, una de ellas les contestó: “He ido siempre, pero mientras no me crezca el pelo y traigan a mi marido a tierra santa no pienso volver”.

Carcastillo

En un Pueblo de 107.100 robadas de tierra, en 1932 había 300 personas en paro. Los Monjes Cistercienses de la Oliva daban de comer diariamente a muchos niños de familias pobres. El párroco de Carcastillo, en unas Navidades, sermoneó a los ricos desde el púlpito diciéndoles que ya valía de atracones mientras había familias que pasaban hambre.

La represión en Carcastillo fue detenida en parte por la actitud del cura Jacinto Argaya y algunas personas influyentes de la derecha local. El 12 de octubre de 1936, un camión de Pamplona venía dispuesto a realizar una razzia de rojos en el Pueblo con destino a ser fusilados, y al final las influencias consiguieron que los llevasen al Penal de San Cristóbal. En aquella razzia, Celedonio Ramírez, practicante, estaba en casa de un enfermo y al enterarse que se lo querían llevar, se escondió en un corral hasta que el camión se fue con los detenidos.

Para esas fechas ya habían sido asesinados un conserje se Sangüesa y dos jornaleros de Caseda, que habían buscado refugio en Carcastillo y un comerciante de Carcastillo, Justo Sopeña, que fue a su localidad de origen Calahorra en busca de refugio, fue detenido y fusilado. También se obligó a algunos nacionalistas y gentes de izquierdas a “apuntarse voluntarios” al Tercio Sanjurgo, y serán fusilados en Zaragoza, los hermanos Blas y Guillermo Pérez, su primo Cipriano Pérez, Ricardo Abadía, Eladio Pérez, Florentino Viloche, Matías Sanz de 19 años, y otros que se apuntaron al “Tercio”, morirán en el frente, Nemesio Alfaro, Rafael Colas, Antonio Alfaro y Felipe Remón, presidente del PNV de Carcastillo.

El ambiente de terror y represión fue igual que en otros pueblos riberos y navarros, se rapó el pelo a seis mujeres en la Plaza Mayor, y las vejaciones fueron insistentes a republicanos, socialistas y nacionalistas vascos, estos últimos fuerza política destacada en Carcastillo. Se les requiso y saquearon las casas, llevándose perniles, cereal, hortalizas, dinero y varias familias fueron despachadas del Pueblo y por último una referencia expresa que Altafailla Kultur Taldea, en su libro “Navarra, de la esperanza al terror”, base documental de estos artículos, a Leopoldo Calvo.

Leopoldo Calvo era un joven de 17 años que fue llevado preso al Penal de San Cristóbal, y que a causa de los malos tratos, perdió la razón y tuvo que ser ingresado el resto de su vida en el psiquiátrico, murió a finales de los años 80.

El lunes con motivo del primer artículo presentación de esta serie de artículos, en un grupo de una red social de Tudela, ya empezaron los ataques personales, era de esperar, pero viendo que seguramente aparte de atacarme a mí en lo personal, atacaran las fuentes, en este caso el libro-documento “Navarra, de la esperanza al terror, 1936”, quiero aportar también un testimonio escrito en un Archivo Eclesiástico llamado “El Archivo Gomá”.

Este Archivo es una serie de trece volúmenes, publicados por el Centro Superior de Investigaciones Científicas, entre los años 2001 y 2010, en los que aparecen básicamente Documentos relacionados con la sublevación fascista y su relación con la Iglesia Católica. El nombre del Archivo viene dado por el Cardenal Isidro Gomá Tomás, nacido en la localidad catalana de la Riba en 1869.

Este sacerdote catalán llegará a ser obispo de Tarazona en 1927, en 1933 Arzobispo de Toledo y Primado de España, y en 1935 Cardenal y Nuncio de España, ante la Santa Sede, es decir embajador de Franco ante el Papa Pío XII, muriendo en 1940.

Gomá se desplazó a Navarra, precisamente entre los años 1936 y 1939, y existe entre la innumerable correspondencia que recogió en su Archivo personal, documentación suficiente para tener un conocimiento exhaustivo de lo que ocurrió, precisamente por los manuscritos que aquí se encuentran, y especialmente porque el material no puede ser tildado de rojo, ni de separatista. Estamos hablando de la correspondencia de un Cardenal de Franco.

Entre las cartas, existe una fechada en enero de 1937, en la que el Vicario de la Diócesis de Vitoria, Antonio María Pérez Ormazábal (que había sido nombrado para controlar al clero nacionalista, tras la expulsión de Monseñor Múgica), describe esta situación al Cardenal Gomá: “No es cierto tampoco que los sacerdotes fichados hayan hecho nacionalismo en los Pueblos(…).¿De qué sacerdote podrá probarse que ha hecho política nacionalista vasca, sea en el púlpito o en otra parte?. Estaba prohibido a ellos asistir a mítines, Batzokis, (sic), etc. y obedecían (…). Para terminar con el nacionalismo el procedimiento es otro: no perseguir a sacerdotes, no perseguir el idioma, no confiscar tantos bienes, no imponer tantas multas, no llevar a la muerte a sacerdotes y paisanos por sólo ser nacionalistas”.

 

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