Milagro

Independientemente de la importancia de la riqueza de las tierras de Milagro, la mayoría de la población de Milagro vivía en la más absoluta miseria. La alta burguesía navarra era propietaria de las grandes fincas y corralizas gestionadas por administradores de los dueños, estos, mayoritariamente residentes fuera del pueblo.

En las tierras de José Sánchez Marco, el mayor terrateniente, trabajaban 30 familias que por once horas de trabajo cobraban 3 pesetas, cuando el salario normal que se pagaba en la zona eran 5,50 e incluso 6 pesetas. El hambre era una realidad, no un espejismo, y en muchos casos no existían viviendas dignas, teniendo que habitar en cuevas.

Por los años 20, Milagro tenía una población cercana a los 3000 habitantes y existía una Sociedad de Resistencia de Oficios Varios llamada “Aurora Social”. En 1930 se constituye la UGT del Campo. Las Elecciones del 12 de abril dan una vez más el triunfo de la derecha con las quejas de la izquierda. Hasta el 27 de junio, no se constituye el Ayuntamiento, consiguiendo dos concejales de izquierda. Milagro daría su voto afirmativo al Estatuto Vasco de Autonomía de Estella, el 19 de junio de 1932. En aquellos tiempos la derecha navarra se sentía parte de un mismo destino con las provincias hermanas vascongadas y como dirían ahora algunos, en aquellos años ser navarros de bien, era sentirse vascos.

Los socialistas y las gentes de izquierdas en general sufren continuos atropellos por parte de la Guardia Civil, discriminados a la hora de ser llamados a trabajar, sitiados de hambre y escuchando arengas y pestes desde el púlpito contra la República y sus dirigentes. La tensión social era continua y en los años anteriores al golpe militar fascista, la izquierda ha sufrido continuas represalias, pero lo peor estaba por venir.

Conocida la noticia de la Sublevación militar fascista al Régimen legalmente constituido de la República, muchos milagreses huyen al campo. El día 22 de julio, José María García, jornalero de 31 años, es arrojado por la Peña San Miguel, cayendo al cascajo, y allí estuvo un día entero sufriendo y sin ayuda, fue apedreado por los críos de la escuela, incitados por el maestro, antes de que la Guardia Civil y un paisano lo remataran desde la orilla.

Al día siguiente asesinan en Sol Mayor al joven Felipe Díaz, el de la aguadora, de 23 años y a punto de casarse. En Lerín, son asesinados el cartero Vicente Pardo, Apolonio Antón, Francisco Preciado, Emilio Hernández, Ponciano Martínez, Francisco Pejenaute y Antonio Ochoa, a quien según algunas fuentes le dieron una cuchillada en los porches del Ayuntamiento, y siguió andando con las tripas fuera hasta donde hoy está la gasolinera, donde cayó muerto.

El día 25 de julio, Patrón de España, trasladan a la cárcel de Pamplona a 35 hombres, son asesinados varios, entre ellos José María Lebrero, al que, después de acribillarlo a balazos, le sacaron los ojos y lo tiraron al río. Su cuerpo apareció en el “Hormiguero”, término de Alfaro. Dejó viuda y ocho hijos pequeños. Marcos Estañan, el herrero, morirá en cama y no precisamente por enfermedad. Sus asesinos se trasladaron al Hospital donde estaba ingresado, y allí le dispararon. Tenía siete hijos y se cuenta que lo llevaron a enterrar vivo. El día de Santiago, serán también asesinados Cornelio Las Peñas, Agustín López-Bailo, Jesús Luquin, Jesús Los Arcos, Cándido Diago, José Salvador Ibáñez, Jesús García, Felipe Gollarte y Segundo Oscoz, que dejaba cuatro hijos con minusvalías. En Fitero asesinaran a Simón Pejenaute.

El día 5 de agosto son sacados de la cárcel 25 milagreses y asesinados en Venta de Arlas, eran: Inocencio Aguerrí, Félix Broca, Leandro Carrascón, Cándido Évora, Francisco García, el peluquero José García, al que pusieron para pila para que el resto saltara, su bata blanca apareció entre los restos; Ricardo Pejenaute, que se negó a saltar, y fue atado y arrastrado por un camión hasta que murió; Constantino Garde, Andrés Ibáñez, Diego López, Los hermanos José Donato y Valentín López Ochoa, José López, Federico López-Bailo, Manuel Antonio Los Arcos, Jesús Martínez, Gregorio Martínez Ruiz, Ernesto Nantes, Nicolás Pejenaute Bayona, Ricardo Pejenaute Évora, Félix Pérez, Gregorio Preciado, Marcelino Ruiz, Francisco San Emeterio y Vicente Salvatierra.

León Lebrero de 60 años, que venía de regar con la burra, lo mataron y lo enterraron entre la remolacha el día 22 de agosto. Los perros lo sacaron poco después. Antes de acabar agosto, será asesinado en Pamplona, Dionisio Azcona, natural de Villafranca y residente en Milagro. El 30 de agosto celebran la entronización de los crucifijos en las escuelas con una misa en la Plaza de Los Fueros, abarrotada de requetés, falangistas, margaritas, guardias civiles y otras autoridades. La Misa fue celebrada por el coadjutor Marcelino Azpiroz, monaguillo el médico Antonio Moreno, depositario, el jefe de la Junta Carlista Local, Esteban Saralegui. Todos ellos muy significados en la represión de Milagro.

En septiembre son asesinados Ceferino Preciado, y Modesto Pardo, este último, según varios testimonios, lo enterraron de medio cuerpo y lo mataron a palos. En el mes de octubre es descubierto en Zaragoza, donde se hallaba refugiado en una casa de unos familiares Simón Hernández, y allí mismo lo mataron. El 7 de octubre sacan de la cárcel a trece hombres y los llevan a Peralta donde son asesinados, eran: Ángel Aguerrí, Pedro Arriazu, Ángel Barrado, Miguel Escalada, Pedro Garde, Eugenio Gollarte, Jacinto Hernández, Juan Lafraga, Juan Martínez, Dimas Pejenaute, Isidro Ruiz, Evaristo Vidal y Luis Pardo, a quien lo sacaron de casa en un sillón por encontrarse enfermo.

El día 17 de octubre serán llevados de nuevo a Peralta a fusilar a José Abad, Remigio Lebrero, Alejandro Navarro, Julio Osma, Alejandro Pejenaute, y Nicolás Matías Ruiz, casado con Ángeles Sesma, embarazada y a punto de dar a luz, quien solicito que lo dejaran un día más. No lo consintieron, y al día siguiente nació una niña. Julio Sánchez “El remolachero”, andaluz de nacimiento, su casa fue apedreada y saqueada, se llevaron los muebles, cuadros y cubiertos. A él lo sacaron a golpes, atado a una soga, lo metieron por las alcantarillas del pueblo, Lo llevaron hasta San Martin de Unx y en el término de Ilagares lo fusilaron. Su familia fue expulsada del pueblo y tuvieron que andar pidiendo limosna para sobrevivir.

En el año 1937 fusilaran algunos más y las detenciones no pararon. Las casas de las gentes de izquierdas fueron apedreadas. A los sospechosos se les pondrán brazaletes blancos, incluidos niños y mujeres. Las viudas de asesinados serán humilladas y encerradas en los graneros al estar la cárcel llena. Les cortaron el pelo y las pasearon por el pueblo y las llevaron a la Plaza para torearlas según edades: las jóvenes “novillas”, “vacas viejas”. Se saqueó a punta de pistola, se robaron tierras y propiedades de los de izquierdas, y se impusieron multas a los familiares de los asesinados y a los pocos que pudieron salvar sus vidas.

En mayo de 1937, el día 23 en Pamplona, fusilaron a Isidoro Torrecilla, Rufino Rodero, Serapio Lebrero y Pablo Barco. También fusilarán a Antonio León y Carmelo Centro, asesinados en Aldea Nueva de Ebro; a Daniel Pérez que lo mataron en Moncayo.

A Milagro le asesinaron en pocos meses más de 80 hombres, y además de los obligados a ir y muertos en el frente, diez desparecidos, se sucedieron muertes muy sospechosas, incluso la del párroco Victoriano Aranguren, que en varias ocasiones había solicitado clemencia a los asesinos. Jesús Salvatierra logró huir en un carro de Alfalfa para pasar la muga: anarquista, estuvo en el frente de Madrid, y acabó en un campo de concentración en Francia. En la última edición del libro “Navarra, de la esperanza al terror, 1936”, seguía con vida.

Testimonio de J. L. de Milagro (Navarra, de la esperanza al terror, 1936)

Cortes de Pelo

“…yo la primera. Tenían la cárcel llena y nos guardaban allí, en la cárcel de arriba, en los graneros de la cárcel nos tenían a las mujeres. Allí había unas ventanicas pequeñas que daban a la plaza. Y aquí está la Cope, que era el Casino de las derechas. Y todo el pueblo en la plaza esperando que saldríamos…Desde arriba, desde las ventanicas, esperando nuestro turno, y sin curiosear porque no podíamos, oíamos cómo nos esperaban: “Que las maten, que las maten”, y decían: “Que queréis, vieja o joven”. A las jóvenes nos llamaban “novillas” y a las señoras “vacas viejas”. En esa plaza se toreaban las vaquillas. Al lau de la iglesia que pone “Cooperativa de Labradores2, frente al Ayuntamiento, se hacían todas esas cosas. Desde las ventanicas oíamos que nos esperaban pa torear…y todo el pueblo esperándonos…”

Seamos hombres y sepamos vengar al caído, aunque sea haciendo poner para todo un año a los socialistas crespones de luto en sus centros. Porque contra esos cualquier procedimiento que se utilice es bueno: la bomba, el puñal y el incendio.

(Jaime Del Burgo, Abril de 1934, en la revista de la Agrupación Escolar Tradicionalista)

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