Tal día como ayer 9 de septiembre, pero de 1767, empezaba a funcionar una institución vasca que desde entonces ha cumplido de forma ininterrumpida, superando todas las dificultades que el devenir de la historia le ha ido poniendo, la misión para la que fue creado por los miembros de la Cofradía de Nuestra Señora de Aránzazu de México. Nos estamos refiriendo al Colegio de San Ignacio de Loyola – Vizcaínas.

Aquellos vascos que se reunieron en torno a esa institución, La Cofradía de Aránzazu, provenían de Gipuzkoa, Álava, Navarra y Bizkaia. Formando una agrupación bajo la advocación de la Andra Mari de Arantzazu, al igual que sus hermanas creadas también por vascos a lo largo de toda la América colonial como modo de organizarse. De ellas y sobre todo de la de Lima, que las más antigua de todas, hemos hablado en varias ocasiones en este blog.

Aquellas agrupaciones de vascos  tenían entre sus misiones básicas realizar una labor social, atendiendo a los más necesitados. Aquellos vascos de México decidieron crear, en 1732, una institución dedicada a acoger, proteger y educar a la mujer novohispana, en especial a niñas, doncellas y damas viudas en necesidad de amparo.

Hubo un largo camino desde esta decisión en 1732 y la apertura del colegio en 1767. Un largo y tortuoso camino lleno de dificultades. No por cuestiones organizativas o económicas, sino por el empeño de aquellos vascos de crear una institución secular y libre de las tutelas de la Iglesia y de los poderes públicos. Es decir una institución autónoma.

Y, al final, lo consiguieron. Creando una institución autónoma de beneficencia que, como decimos ha funcionado de forma ininterrumpida y es el primer colegio laico para mujeres del continente americano.

Han pasado casi tres siglos desde que aquellos vascos decidieran poner en marcha este proyecto. Ha pasado una Guerra de Independencia, una guerra con los USA, invasiones francesas, revoluciones, cambios de gobierno… y ese colegio jamás ha dejado de funcionar.

La historia ha dado la razón a aquellos vascos y a su visión de crear una institución libre de ataduras, que se gobernase a sí misma y que tuviera como principal objetivo la misión que le fue encomendada.

Escudo Colegio Vizcaínas de México
Escudo Colegio Vizcaínas de México

De aquella cofradía de vascos, disuelta en el siglo XIX, queda la memoria de sus miembros, muchos de ellos actores importantes de la historia de México. Pero, sobre todo, queda su obra más longeva, la que ha ayudado a miles y miles de mujeres mexicanas, y desde hace años también a hombres, a formarse.

Un colegio que aún hoy tiene en su escudo un Laurak-Bat. El escudo de los cuatro territorios vascos peninsulares. Con el Escudo de los Estados Unidos mexicanos en su centro.

El museo del Colegio de las Vizcaínas muestra con orgullo su origen, y el papel de los vascos en su creación. Como en este pequeño vídeo que han compartido en su «cumpleaños», donde cuentan la historia del retoño del Árbol de Gernika que crece fuerte en uno de sus patios. Al igual que espíritu y le legado de los vascos que fundaron esta institución.

Zorionak en su aniversario a este colegio que es más que un colegio, es una institución cultural de primer orden, una referencia en el campo educativo y de conservación del legado histórico, y un memorial permanente a aquellos vascos que en el siglo XVIII apostaban por la educación.

De este colegio, la institución viva más antigua aún en activo de las que han creado los vascos en el mundo (salvando la Compañía de Jesús), también hemos hablado en varias ocasiones. De todas ellas recomendamos estas entradas sobre su historia :

 

Desde México: una tradición educativa de origen vasco que ha cumplido 250 años: Las Vizcaínas

Dos vídeos para descubrir el «Colegio de las Vizcaínas» de México. Una obra de vascos con más de 250 años