Andoni Ortuzar

Andoni Ortuzar Arruabarrena nació en Sanfuentes (Bizkaia) el 13 de julio de 1962. A los 14 años ya militaba en EGI, la organización juvenil del Partido Nacionalista Vasco, al que se afilió dos años más tarde en el Batzoki de Abanto y Zierbena, el corazón de la Zona Minera vizcaína. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco, ejerció el periodismo en Radio Popular de Bilbao y, principalmente, en el periódico DEIA. En 1987 se incorporó al Gobierno Vasco, donde llegó a ser secretario general de Acción Exterior. Fue asimismo director general de la radio-televisión pública vasca, EiTB, antes de ser elegido presidente del Bizkai Buru Batzar en 2008, función que compaginó con la labor de parlamentario en la Cámara de Gasteiz. En enero de 2013 fue elegido presidente del Euzkadi Buru Batzar, responsabilidad que desempeña en la actualidad tras haber sido reelegido en 2016 y 2020.

Esta nueva entrega de la serie que estamos publicando sobre el bicentenario de las independencias americanas, será doble. En ella (ellas) buscamos recordar y rememorar un personaje de esencial importancia para la historia moderna de nuestra nación y que tuvo una especial relación con la mayor parte de las repúblicas que forman América: José Antonio de Aguirre y Lecube.

José Antonio Aguirre, el primer lehendakari fue, para el mundo, el símbolo de la lucha de los defensores de la Democracia y de la Causa del Pueblo Vasco contra el totalitarismo. En esa labor tuvo importantes encuentros con América y los vascos de ese continente. Aquí trataremos de dos de ellos. Ocurridos en dos momentos clave de la historia de nuestro país durante la lucha que se mantuvo contra el totalitarismo fascista.

El primero, fue durante la lucha que se mantuvo contra los rebeldes franquistas. Entonces la comunidad vasca en América fue un apoyo de un valor  enorme, sobre todo ayudando a mitigar los sufrimientos que la población civil sufría tanto en tierra vasca, como en el exilio. Gracias a los vascos del exterior incluso el Gobierno vasco en el exilio, tuvo una sede.

Además, este apoyo de la comunidad vasca de América fue fundamental para que el lehendakari pudiera escapar de las garras del franquismo y la Gestapo. Y de este asunto se trata en esta primera entrega.

Un ayuda a la que se unieron varias repúblicas americanas, que dieron cobertura al Lehendakari en su recorrido a través de toda la Europa ocupada por el nazismo, permitiendo que tuviera una identidad falsa, y dándole refugio y apoyo logístico.

Fue un viaje extraordinario que le llevó de Bélgica a Suecia, de donde salió camino del exilio en América. Una huida por el III Reich que le llevó a su mismo corazón: Berlín. Ciudad donde estuvo varios meses a la espera de encontrar una ruta segura, dentro de lo que podía ser en esos momentos, que le permitiera llegar a América.

El segundo encuentro con la comunidad Vasca, y con las repúblicas americanas, en esos años de guerra global, fue durante su primera gira americana, que realizó en 1942 cuando parecía que la victoria se decantaba del lado de las fuerzas del Eje.

Un viaje que fue una mezcla de encuentro con la comunidad vasca; de creación de contactos entre el Gobierno Vasco en el Exilio con los gobiernos de las repúblicas americanas; de encuentro con los medios de comunicación de toda América para dar a conocer la lucha de los vascos contra el fascismo; y de búsqueda del máximo apoyo social e institucional a la lucha de los Aliados.

De esta gira americana, de sus objetivos, y de sus logros, trataremos en el próximo artículo de esta serie. Lo haremos aprovechando que el 30 de agosto se conmemora la llegada del lehendakari Aguirre a Perú. Una escala corta, de apenas 12 horas, pero que aun así le permitió tener una reunión con el presidente de la República, Manuel Prado Ugarteche; otra posterior con miembros del Congreso; intervenir en la Radio Nacional de Perú; acudir a una recepción multitudinaria; y participar en una cena donde “sólo” participaron 150 comensales. Justo doce horas después, a las 5 de la madrugada, salió en avión dirección a Santiago de Chile.

Pero, como decimos, eso se tratará en un próximo artículo. Ahora nos centraremos en sus vivencias durante ese viaje por el corazón del III Reich, del apoyo que recibió de diplomáticos de varios países americanos.

Le hemos pedido Andoni Ortuzar, Presidente de EAJ-PNV, que nos escriba sobre ello. Lo hemos hecho porque es una persona que pertenece a la misma organización política a la que pertenecía José Antonio Aguirre; que conoce bien la historia del Lehendakari; y que ha tenido un intenso contacto con la Comunidad Vasca en América, y en todo el mundo, en su periodo como secretario general de Acción Exterior del Gobierno Vasco.


 

Lecturas de un fugitivo vasco en Berlín, camino de América

Andoni Ortuzar Arruabarrena
Presidente del Euzkadi Buru Batzar de EAJ-PNV

Requerido por Limako Arantzazu Euzko Etxea y la Asociación Euskadi Munduan para contribuir con un artículo sobre mi particular visión sobre los procesos de independencia latinoamericanos y sus aportes para construir las líneas históricas de una nueva patria, me vienen a la memoria las reflexiones que el Lehendakari Agirre anotó en su diario, especialmente durante su estancia en Berlín. Lo hago porque entiendo que las meditaciones de Agirre tienen relación con lo que amablemente se me solicita desde Perú en el bicentenario de su proclamación de independencia y porque el Lehendakari Agirre fue en su día, sigue siendo y será un referente en el nacionalismo democrático vasco.

Como saben, José Antonio Agirre debió internarse en la cuna del Reich alemán para poder hallar una vía de escape de la Europa ocupada y huir así de la persecución fascista y llegar a tierras de libertad que, en 1941, se reducían prácticamente a los países americanos. En esta fuga de la Europa sometida a los regímenes fascistas, Agirre contó con la inestimable e insustituible ayuda de diplomáticos iberoamericanos que protegieron al Lehendakari desde su salida de Amberes el 7 de enero de 1941 hasta, por lo menos, su llegada a Suecia el 23 de mayo del mismo año. Digo “por lo menos” porque nuestro primer presidente más adelante también necesitó e hizo uso de la cobertura diplomática amiga.

Ficha de la inmigración brasileña del Lehendakari Aguirre con su nombre de fuga
Ficha de la inmigración brasileña del Lehendakari Aguirre con su nombre de fuga

Agirre partió de Bélgica camuflado bajo una identidad falsa. Nueva identidad que logró gracias al cónsul panameño de Amberes, Germán Gil Guardia Jaén, denominándose mientras se halló en la Europa ocupada y hasta su entrada en Uruguay José Andrés Álvarez Lastra, supuesto hacendado natural de la provincia de Chiriquí, extraviado en la Europa fascista y que deseaba regresar a su país de origen.

Pero el objeto de este artículo no es relatar las andanzas del Lehendakari y de su familia (no olvidemos que José Antonio viajó acompañado de su mujer, Mari Zabala, quien también circulaba con nombre falso –María Arrigorriaga Vda. de Guerra, natural de Mérida, Venezuela–, y de los dos hijos mayores de ambos, Aintzane y Joseba –el tercero, Iñaki, nacería pocos años más tarde en Nueva York–), sino rescatar y anotar las reflexiones de las lecturas de nuestro primer presidente, especialmente las relacionadas con las independencias americanas.

Por lo que se colige de la lectura de sus diarios, Agirre debió de partir de Bélgica con algunos libros, en concreto con Las vidas paralelas de Plutarco, alguna obra de Rousseau y alguna otra de Cicerón. Obras clásicas de las que decía que “hacía tiempo que no podía reanudar estas lectura de la antigüedad  y que tanto  me han atraído siempre”  y de las que obtenía unas lecciones para el momento, como cuando después de leer a Cicerón en De las leyes apuntó en su cuaderno: “Problemas antiguos aplicables al día de hoy. El principio clásico de la ley natural contra el utilitarismo. La razón y el derecho contra la fuerza”. En los clásicos podía hallar el falso panameño Álvarez Lastra paralelismos con la guerra en curso en 1941.

Leyendo la biografía de Alejandro Magno de Plutarco, escribió el Lehendakari: “Parece de actualidad el itinerario seguido, hasta la pintoresca descripción del líquido o licor nafta que ardía propagándose. Entonces no sabían su aplicación, hoy se derrama sangre por su posesión”, comparando las campañas del macedonio con la expansión alemana dirigida a conquistar los campos petrolíferos de Oriente Medio. Estas reflexiones, expresadas de una u otra forma, se pueden hallar a lo largo de todos sus diarios.

Agirre, ávido lector y con mucho tiempo libre, pronto acabó con las existencias librescas que llevara desde Bélgica y, desconocedor del alemán, no tuvo más remedio que echar mano de la biblioteca personal del embajador dominicano ante el III Reich, Roberto Luis Despradel Pennell. De los libros que Álvarez Lastra retiró de los anaqueles de la embajada dominicana podemos hacernos una idea de la personalidad política del ministro: diplomático de carrera que servía al dictador Trujillo porque era su obligación, liberal conservador o conservador liberal, católico, admirador de España y de su literatura y partidario de Franco por contrario a la República, “roja” y que no fue capaz de mantener el “orden”. Esta visión ideológica y de la situación política del Estado español le hacía ver a Despradel en Agirre, al igual que a Guardia Jaén, la tercera vía para España: una causa católica, liberal y de “orden”.

El Lehendakari halló en la biblioteca de la legación dominicana ensayos filosóficos, históricos y políticos de las citadas tendencias políticas europeas, además de obras relacionadas con el momento político centroeuropeo, como el libro de Cesare Santoro La Alemania de Hitler vista por un extranjero, o el de Pedro Gorgolini Comienzos del fascismo italiano, junto a literatura latinoamericana.

L’Europe tragique, la révolution moderne, la fin d’un monde, del profesor católico suizo Gonzague de Reynold
L’Europe tragique, la révolution moderne, la fin d’un monde, del profesor católico suizo Gonzague de Reynold

Álvarez Lastra encontró entre los libros del embajador dominicano libros que Agirre ya había leído con anterioridad y que eran obras de pensadores católicos que escribían desde sus creencias religiosas, adscribiéndose a la doctrina social de la Iglesia pero que el Lehendakari no compartía por estar alejadas de la democracia cristiana. Así, entre los libros que leyó y comentó se encuentra L’Europe tragique, la révolution moderne, la fin d’un monde, del profesor católico suizo Gonzague de Reynold. De esta obra, Agirre apuntó: “Su tesis es para mí, como católico, intachable. El camino que conduce a ella es quizá un poco distinto. Yo creo aún en el pueblo y desconfío mucho de ciertas elites autoescogidas”.

Otro título de la misma línea de pensamiento que anotó Agirre fue Las constituciones políticas, del catedrático de Economía y Hacienda de las universidades de Valladolid y Central de Madrid, Vicente Gay y Forner, antiguo profesor de Agirre. “Mi viejo profesor no recordará que en un examen defendí la teoría de las nacionalidades en contra de su opinión”. “Sigo opinando en contra del tema de fuerza –dictadura– que es el del libro”. “El hombre ni es tan malo ni es tan bueno. Es hombre”. “Ni optimismos enciclopedistas ni pesimismos dictatoriales. Simplemente cristianismo”. En opinión de Agirre, Gay y Forner “cree en la fuerza como solución”, a lo que el Lehendakari respondía diciendo que “la guerra no construye nada permanente”. Sobre las libertades y la democracia, el presidente vasco también criticaba la postura del catedrático. “Critica la democracia, pero no dice nada del régimen de libertad. Ahí se para. Cuando llega la hora de sustituir la crítica por  la  solución,  dice  aún  menos.  Lo  de  siempre.  De  acuerdo  con  la  reforma  del  sistema democrático; pero entre la libertad y la tiranía, ¿con cuál se quedan estos señores críticos de cátedra?”.

Quizá como una excepción a las críticas a los regímenes de fuerza, las dictaduras, y al apoyo decidido de Agirre a la democracia, se hallan los comentarios favorables que el Lehendakari anotó del Estado Novo portugués y de su dictador, António de Oliveira Salazar, cuando apuntó el libro de António Ferro, Oliveira Salazar, el hombre y su obra, “interesante figura la de Salazar que siempre me ha atraído por su honestidad y recio carácter”.

Se aprecia en sus comentarios que el Lehendakari disfrutó de la lectura de las obras España. Ensayo de historia contemporánea, de Salvador de Madariaga, y En torno al casticismo, de Miguel de Unamuno, aunque no dejó de criticar el liberalismo laicista del primero, las ideas y dudas religiosas del segundo y el nacionalismo español de ambos.

Una obra que leyó Agirre en Berlín sabiendo de antemano que no sacaría ningún provecho de ella fue el ensayo histórico del antiguo nacionalista vasco pasado al nacionalismo español y hagiógrafo de Franco, Manuel Aznar, Historia militar de la guerra de España (1936-1939). Para el Lehendakari, su lectura debió de ser un mero ejercicio de divertimiento, para decir algo así como “quién te ha visto y quién te ve”. Sobre esta obra, el fugitivo presidente vasco apuntó en su diario: “Cuando se escribe sin libertad, se dicen muchas cosas que no se piensan ni se creen. Resulta una adulación demasiado a la vista para la figura de Franco. Parece el sol al lado de las tinieblas”. “Sigo leyendo y anotando marginalmente el libro de Aznar. Será un recuerdo para mi amigo el ministro”.

Pero, además de todas estas lecturas, José Antonio Agirre no dejó escapar la posibilidad de leer sobre historia latinoamericana, especialmente sobre los líderes decimonónicos que condujeron a las naciones iberoamericanas a su liberación del yugo español, y no dejó de dar su opinión sobre las lecturas más sugerentes.

Además  de  temas  como  la  ubicación  exacta  de  los  restos  mortales  de  Cristóbal  Colón  en  la República Dominicana o en la catedral de Sevilla, un tema ciertamente anecdótico para el Lehendakari, aunque no para el patriotismo dominicano, Álvarez Lastra se instruyó leyendo sobre asuntos más serios. Entre estos está una novela histórica sobre Enriquillo, el cacique dominicano que se enfrentó a los conquistadores españoles, del que apuntó Agirre: “Muy interesante sobre todo por el estudio acabado de las primicias del régimen colonial español. Estas primicias las han ido aplicando sin interrupción a través del tiempo y con toda clase de pueblos. Y todo terminará como allí”.

Este comentario se repetirá en otros casos. Cuando leyó la obra de Luis Estévez y Romero, Desde el Zanjón hasta Baire, datos para la historia política de Cuba, Agirre dijo de él: “Es la marcha cubana entre la libertad y la revolución. Como pasa a otros. Todo es igual. También lo será el resultado”, utilizando a propósito los términos “entre la libertad y la revolución”. Estas palabras precisamente forman el título del libro que Agirre escribiera en 1935, Entre la libertad y la revolución, 1930-1935. La verdad de un lustro en el País Vasco, haciendo de este modo una comparativa exacta entre la descolonización de los países latinoamericanos y la de Euskadi.

 Máximo Gómez militar dominicano de la Guerra de los Diez Años y el General en Jefe de las tropas revolucionarias cubanas en la Guerra de Independencia cubana
Máximo Gómez militar dominicano de la Guerra de los Diez Años y el General en Jefe de las tropas revolucionarias cubanas en la Guerra de Independencia cubana

“Esta obligada espera me permite recordar viejas lecturas y meditar los hechos, las cosas y los hombres”. Así, durante los meses que Agirre no tuvo más remedio que permanecer en Berlín tratando de hallar una vía de escape, además de lo reseñado, el Lehendakari leyó sobre el militar dominicano que luchó por la liberación de Cuba, Máximo Gómez, sobre el general San Martín y a José Martí.  De estas  lecturas  dijo:  “Cómo  se  repiten  los  problemas  y cómo  han  de repetirse todavía”.

Pero, sobre todo, Agirre leyó sobre Simón Bolívar. Uno de los libros sobre el libertador americano de origen vasco que cita el fugitivo Lehendakari es el de Marius André, Bolivar et la démocratie, del  que  dijo:  “Estudio  estimable  pero  con  grandes  prejuicios  antidemocráticos”.  A  Agirre  le agradaba la figura de Bolívar, pero no la ideología maurrasiana del autor de la obra.

También cita en su cuaderno diario el estudio de Nicolás E. Navarro, Diario de Bucaramanga. Estudio crítico y reproducción literalísima del manuscrito de L. Luis Perú de Lacroix. Con la cita de su lectura, Álvarez Lastra evoca lecturas anteriores sobre el libertador: “Me acuerdo mucho de la obra de [Pedro] Leturia sobre el tema (…) sobre las ideas religiosas del Libertador, gran figura, calumniada antes, hoy rehabilitada”.

Por último, Agirre menciona las lecturas que hizo del escritor liberal uruguayo José Enrique Rodó, Cinco ensayos. Montalvo, Ariel, Bolívar, Rubén Darío, Liberalismo y Jacobinismo. Leyendo al escritor uruguayo, el Agirre católico no acepta el laicismo de Rodó, pero no por ello dejó de apreciar los valores de la obra. “Gran estilo y sólidas ideas aun cuando no acepte varias de sus proposiciones y temas. Su trabajo Ariel es notable. El castellano de Rodó es maravilloso. A pesar de nuestra diferencia ideológica, creo que hubiera sido un buen amigo suyo. No hay en él nada ramplón, todo es de una alta elegancia espiritual. Su trabajo sobre Bolívar es muy bueno. Su polémica sobre “el crucifijo en los hospitales” y que titula Liberalismo y jacobinismo es todo lo magnífica que pueda pedirse a un espíritu humano que no goza de la enorme dicha de la fe”.

Por los comentarios que Agirre-Álvarez hace en su diario, vemos a una persona instruida, amante de la literatura, con ansias de conocer y admiradora de la obra de los libertadores latinoamericanos. Estas pequeñas muestras de sinceridad del Lehendakari nos permiten conocer cómo pensaba nuestro presidente. Pensamiento en el que ahondó durante los años que permaneció en América, 1941-1945, y del que nos dejó muestras en obras como De Gernika a Nueva York pasando por Berlín o Cinco conferencias, la primera basada precisamente en los diarios del viaje de huida de Europa y la segunda, fruto de la gira que José Antonio Agirre realizara en 1942 a través de diversas repúblicas americanas como contribución vasca a los Aliados en la II Guerra Mundial.


 

Web sobre la estancia de Aguirre en Berlín

 

Aguirre y Persson con sus familias, en Göteborg, en junio de 1941 © Sabino Arana Fundazioa
Aguirre y Persson con sus familias, en Göteborg, en junio de 1941 © Sabino Arana Fundazioa