Oscar Álvarez-Gila el Doctor en Historia y profesor de Historia de América en la UPV/EHU y miembro del grupo de investigación consolidada de la UPV/EHU, País Vasco, Europa y América: Vínculos y Relaciones Atlánticas, ha sido citado en varias ocasiones en nuestra web. Su presencia se ha debido al gran trabajo que ha realizado estudiando la presencia de los Pasionistas vascos en Perú, o por su artículo en el que nos relata el papel principal que jugó la Diáspora vasca, y en especial la Argentina, en proceso de consolidación de los símbolos nacionales vascos en los primeros años del siglo XX.

Hoy vuelve a ser protagonista de nuestro blog por un artículo publicado en Americanía, Revista de Estudios Latinoamericanos, en el que, usando la mismas palabras de la  sinopsis del articulo, «se pretende establecer una clasificación y cronología de las diferentes iniciativas llevadas a cabo desde inicios de la década de 1990 en favor de la localización, conservación y difusión del patrimonio documental relativo a la diáspora vasca, y muy especialmente a la producida en torno a las grandes migraciones desde mediados del siglo XIX, una de cuyas principales evidencias se vincula a la creación de una red de entidades asociativas de todo tipo, que han dejado un patrimonio material y documental de difícil localización y peor conservación. El trabajo aborda las sucesivas acciones puestas en marcha por diversos agentes políticos, culturales y sociales en el propio País Vasco y en su diáspora, que culminaron en 2019 con la inauguración del Archivo de la Diáspora Vasca, así como las posibilidades que esta iniciativa ofrece para el conocimiento, investigación y difusión de dicho patrimonio».

La historia de los vascos de la diáspora es una parte, esencial, de la historia de nuestra nación. En especial desde el periodo que se inicia con la llegada de los primeros vascos a América y que abarca la labor, la acción y la organización de estos vascos desde entonces hasta el día de hoy a lo largo de todo el planeta.

La huella de los miembros de nuestra pequeña comunidad nacional a lo largo del mundo es muy significativa. Una huella que, además, tiene mucho de comunitaria. Los vascos, desde la creación de las primeras hermandades y cofradías en la América colonial, han mantenido una intensa actividad organizativa enfocada a la ayuda y el socorro mutuo. Unos objetivos que se amplían, a partir del último tercio del siglo XIX a través de la creación de lo que ahora conocemos como las Euskaletxeak, o Centros vascos, ya que además se inicia la asunción de defensa de los intereses de la Patria de origen tras la abolición foral (como es el caso del Laurak Bat de Buenos Aires). El nacimiento del movimiento nacionalista vasco a caballo del Siglo XX llega con fuerza a esta comunidad vasca en el mundo, y la llegada de los exiliados, sobre todo a América, tras la victoria de los insurrectos franquistas, ayudaros a reforzar ese papel político y de apoyo a las reivindicaciones nacionales.

Toda esa actividad, ha dejado un rastro de un valor extraordinario que debe ser conservado, y dado a conocer. Por desgracia la realidad política del Reino de España y de la República francesa ha impedido a los vascos tener la capacidad y la oportunidad de poder, desde nuestras propias instituciones, realizar esa labor.

Sólo desde los años 80 del pasado siglo, con la recuperación en el territorio vasco peninsular de parte de nuestras instituciones tradiciones y con la instauración de un Gobierno Vasco que agrupa a tres de los seis/siete territorios de nuestro país, se ha tenido capacidad para  enfrentarse a esa tarea. Son las instituciones de estos territorios, los que forman la Comunidad Autónoma del País Vasco, los que se plantean como objetivo de sus políticas para con la diáspora, el conjunto de las comunidades vascas de todo el mundo, sin importar su territorio vasco de origen.

El camino ha sido largo y complejo. No hay que olvidar los muchos, y duros, retos a los que se ha tenido que enfrentar la sociedad vasca que conforma estos tres territorios. Todo eso ha generado un lento proceso que parece, eso esperamos todos, que ha encontrado su rumbo en este Archivo de la Diáspora Vasca al que ya están llegando importantes fondos.

El trabajo es arduo, pero imprescindible. Estamos seguros que hay tesoros documentales que se han perdido por el largo camino que han recorrido nuestros «Vascos por el mundo», y otros están en peligro de desaparecer. Es el momento.

Americanía – 12/2020 – España

Una memoria diasporizada

Iniciativas por la recuperación, conservación y difusión del patrimonio documental y la memoria histórica de la diáspora

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