Hoy 9 de mayo de 2020 se conmemoran los 70 años de  declaración de Robert Schuman, el ministro francés de Asuntos Exteriores, que sentó las bases para la creación, un año después, de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA). Apenas habían pasado 5 años del final de la II Guerra Mundial (IIGM) y buena parte del Continente estaba aun en plena reconstrucción para borrar, en lo posible, las heridas que había dejado aquel terrible enfrentamiento.

Al revés que al final de la I Guerra Mundial, los gobiernos europeos entendieron que el único camino para un futuro de paz y prosperidad en el Continente no pasaba por la venganza, sino por la colaboración, el entendimiento y la creación de organismos comunes.

Aquel 9 de mayo de 1950, Schuman afirmó que con esta unión, a través de la producción común de carbón y acero, se buscaba que una nueva guerra entre Francia y Alemania fuese «no sólo impensable, sino materialmente imposible». Fue el primer paso para la creación de la Unión Europea, y por eso se toma como la efeméride que celebra el inicio de este camino.

En aquel momento, los súbditos de esa «monarquía en estado de regencia» que era la dictadura franquista, todavía tenían que convivir con las cartillas de racionamiento en un país que vivía casi aislado del mundo, después de la caída de sus aliados nazis y fascistas.

Para el Nacionalismo vasco la situación se iba complicando por momentos. Esperaban que los Aliados occidentales, una vez que vencieran a las fuerzas del Eje, hicieran lo propio con el gobierno de Franco, tan cercano a los dictadores derrotados. Pero esperaron en balde. Ya en 1950 se estaban dando cuenta de que su esperanza se iba volatilizando. Franco y su régimen ilegal estaba asentándose en el ámbito internacional, gracias a su furibundo anticomunismo. Era un proceso que quedó asentado con la aceptación en 1955 del régimen totalitario en la ONU.

Cartel Aberri Eguna 1933
Cartel Aberri Eguna 1933

Pero volvamos a 1950. Aquella Declaración Schuman, no fue una «ocurrencia de última hora». Era la consecuencia de un largo camino que había empezado en el primer tercio del siglo XX, con los movimientos europeístas, y que tras la Segunda Guerra Mundial se había enraizado profundamente entre los miembros de la Democracia Cristiana Europea.

Para los vascos demócratas, Europa era un modelo de Libertades.  Para los Nacionalistas vascos Europa era, además de eso, una esperanza para que la Patria pudiera convertirse en una «Euzkadi libre en una Europa unida». Esta idea, ya estaba asentada tanto en EAJ-PNV como en ANV desde antes del alzamiento franquista. Ya en el Aberri Eguna de  1933, organizado en Donostia por EAJ-PNV, el lema era: «Euzkadi-Europa». Un lema que se repitió en el Aberri Eguna clandestino que se convocó en 1966. Como decimos, en 1950, EAJ-PNV llevaba ya muchos años trabajando y colaborando con los movimientos federales europeos.

Pero en lo ocurrido entre el año 1945 y 1950, entre el final de la IIGM y la Declaración Schuman de 1950, el Nacionalismo Vasco tiene un papel, si no protagonista, sí de primer orden. Y en este compromiso europeísta del Nacionalismo vasco, la figura de Javier de Landaburu es clave, junto a la del propio Lehendakari Aguirre.

Una foto para la Historia. En su reverso tiene escrito del puño y letra del Lehendakari Aguirre lo siguiente: "Entrado con el Presidente Robert Schuman en el metro de Berlín Este en la visita secreta a dicho sector verificada el 23 de marzo de 1956 con ocasión de la reunión democristiana tenida en Berlín Oeste los dias 21 a 25 de marzo"
Una foto para la Historia. En su reverso tiene escrito del puño y letra del Lehendakari Aguirre lo siguiente:
“Entrado con el Presidente Robert Schuman en el metro de Berlín Este en la visita secreta a dicho sector verificada el 23 de marzo de 1956 con ocasión de la reunión democristiana tenida en Berlín Oeste los dias 21 a 25 de marzo”

Este alavés, abogado y comprometido con la Causa del Pueblo Vasco, fue parlamentario por Araba en la República y tras la insurrección franquista, tuvo que vivir en escondido (emparedado en su propia casa) durante 13 meses para evitar ser detenido y fusilado por los golpistas, como su compañero de partido Jose Luis Abaitua. El fue una de las máximas personalidades de su Partido y del Gobierno Vasco en el exilio en todas las conversaciones, reuniones y acuerdos europeistas.

Puede dar una imagen de ese peso específico del nacionalismo y del Gobierno vasco en la postguerra europea, que la reunión constitutiva de los «Nuevos Equipos Internacionales» (lo que luego sería la Democracia Cristiana Europea) se celebró en la sede de la Delegación de Euzkadi en París en 1947. Sí, en la sede del Gobierno Vasco que el gobierno franquista robó y que el Estado español aun no ha devuelto.

Javier Landaburu fue un europeista convencido. Una posición que mantuvo incluso en los tiempos más duros, cuando los demócratas vascos se sintieron abandonados por los Aliados y por la propia Europa, al permitir que «Franco muriera en la cama».

Para ayudar a dar a conocer ese papel del Nacionalismo vasco en general y en especial el de Javier de Landaburu en la creación de la Unión Europea, compartimos el trabajo de la historiadora de la Universidad de Deusto, Leyre Arrieta Alberdi, que bajo el título «Landaburu, el alavés europeísta», que fue publicado el la publicación Sancho el Sabio, 31, 2009, 199-220.

Es la fotografía de un europeista convencido, de un patriota vasco, y de un demócrata.

Landaburu, el alavés europeísta. Leyre Arrieta