Lucas GaticaLucas Gatica es un argentino que vive en Bilbao. Licenciado en Psicología por la Universidad Nacional de Córdoba, actualmente estudia en la Universidad de Deusto, y colabora con varios periódicos y revistas.

Comparte con nosotros una historia de vascos en los USA.

Lucas Gatica, un argentino que vive en Bilbao, y escribe artículos para varios diarios y revistas. Todos ellos de gran interés y que podemos consultar en su página de Facebook.

Escribió un artículo sobre Beltrán París un vasco continental que emigró a los USA y se instaló en el Estado de Wyoming (sí, en ese Estado en el que uno de sus condados tiene una Ikurriña como enseña).

Beltrán París tenía que ser um “tipo extraordinario”, ya que William Douglass, el antropólogo que da nombre al “William A. Douglass Center for Basque Studies at University of Nevada”, le dedicó un libro. Hoy le conocemos a través Lucas Gatica.

 

El vasco de Wyoming

Un artículo de Lucas Gatica

Historias de vascos por el mundo hay a montones. La diáspora vasca es extensa y variopinta. En ese contexto, la historia de Beltrán París tiene sus peculiaridades.

Este señor fue un pastor vasco que en 1912 emigró a Wyoming, Estados Unidos, y pasó a ensanchar el asentamiento euskaldun en el oeste norteamericano. Su historia es la historia de un triunfador, de aquel que llega a la tierra prometida, trabaja duro y gracias a su propio esfuerzo y a una voluntad de hierro, prospera en sus negocios.

La vida de este buen hombre se pudo conocer gracias al antropólogo experto en temas vascos, William Douglass, quien lo entrevistó y escribió un libro en coautoría con Beltrán, contando paso a paso su vida. Douglass estaba obsesionado con contactar personas de cierta edad que le permitieran reconstruir los “viejos tiempos” a través de sus narraciones. Douglass conoce a Beltrán en Ely, estado de Nevada, durante un festival euskaldun celebrado en la década de los sesenta. Lo que primero le llama la atención a este antropólogo es la fortaleza del vasco y el hecho que a sus 78 años posea un magnetismo increíble. Lo cautivó.

Luego llegará la visita a su rancho de Cherry Creek, donde el vasco vivía con sus hijos, Bert y Pete. Pasarán los años y Beltrán París le cogerá confianza a Douglass como para contarle su vida. Bucearán juntos por sus orígenes familiares, sus recuerdos y los paisajes grabados en su mente. Como los de otros tantos vascos emigrados, los orígenes familiares eran rurales y la educación formal del entorno, muy baja.

Beltrán nació en 1888 y su vida incipiente transcurrió entre el fin del siglo XIX y el comienzo del XX en pleno campo vascongado. Tenían una granja pirenaica de tamaño mínimo que, según los relatos, tendría que haber sido realmente difícil vivir allí. Su infancia estuvo marcada por la austeridad.

En sus años mozos fue pastor, encargado de campamento, capataz de rancho, pastor itinerante, granjero. Amasó un gran capital y así se hizo de una hacienda que se extendía por cuatro condados de Nevada. Todo iba de maravillas hasta que en los años de sequía, de las enormes pérdidas de ganado producidas por las ventiscas de 1948 y los efectos aún persistentes de la Gran Depresión, todo se fue al garete. No obstante, y a pesar de estos infortunios, el vasco de Wyoming era un narrador cautivante, capaz de reírse de sí mismo y de sus desgracias, como se refleja en el libro escrito junto a Douglass.

Según el investigador, los puntos de inflexión en la vida de Beltrán, como el de emigrar o el de casarse, estuvieron marcados por consideraciones de índole económicas. Estas consideraciones tienen su eco en la niñez de París Beltrán a quien de niño se le inculcó la idea de que el valor o precio de una persona debe sopesarse a través del éxito económico.

Fue a los veintitrés años cuando arriba al estado de Wyoming. Allí aplica su capacidad de trabajo y su voluntad de prosperar en el mundo del pastoreo, un oficio poco valorado por su rudeza y que requería del trabajador destreza, fortaleza y soledad, ya que el pastor vivía en las grandes praderas del Oeste americano, aislado. Así fue como llegó a pastorear ovejas, oficio que no requería hablar inglés y además le suponía la posibilidad de ganar dinero rápidamente e invertirlo en la adquisición de cabezas de ganado para formar su propio rebaño.

El no regreso

Para Douglass la migración les suponía a los migrantes una especie de purgatorio, de impasse, que les permitiría regresar e instalarse mejor en la patria que se dejaba atrás. Pero no fue éste el caso de Beltrán.

Lo que solía suceder era que cuando los pastores habían conseguido ahorrar unos dólares regresaban a Euskadi, del que nunca se habían alejado, al menos afectiva o emocionalmente. Este fue el caso también de muchos vascos en la Argentina, mi país. Empero, durante todos los años pastoreando, Beltrán fue afincando el sentimiento de haber llegado para quedarse y cada vez veía más lejano el regreso al País Vasco. Así lo cuenta Douglass en el libro antes citado: “Beltrán, poco a poco, llegó a ver su futuro en términos americanos”.

En el último capítulo del libro, titulado “Últimas reflexiones”, Beltrán bromea alegando que fue al país del tío Sam para ganar unos diez mil francos y regresar a Euskadi para comprarse un baserri y casarse. Sin embargo, continuó en su rancho de Wyoming, en paz, con tranquilidad y la sensación de haber cumplido su deber.

Envejeció rodeado de familiares, amigos y vecinos en el país al que de joven emigró.


Beltran: Basque Sheepman of the American West Hardcover – Jan 1 1981 by Beltran Paris and William A. Douglass
Beltran: Basque Sheepman of the American West Hardcover – Jan 1 1981
by Beltran Paris and William A. Douglass

Beltran: Basque Sheepman of the American West 
by Beltran Paris and William A. Douglass

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