Este comentario es un “asunto personal”. Una de esas excepciones que incluimos en nuestro blog, ante asuntos que nos parecen de especial relevancia.

Hoy se ha profanado un monumento en recuerdo de los batallones vascos que lucharon contra el fascismo en la Guerra Civil española.

Un monumento que se encuentra ubicado en el alto del monte Artxanda, justo en el punto donde se puede ver todo Bilbao, y que fue el lugar donde los gudaris vascos hicieron un contraataque “suicida”, ante la inevitable caída de Bilbao, para dar tiempo a al población a abandonar la ciudad antes de la llegada de las tropas rebeldes. El reportero de guerra y escritor George L. Steer en su libro sobre la Guerra Civil en el País Vasco, relata muy bien aquel sacrificio.

Esta mañana, la placa donde están los nombres de todas las unidades que lucharon desde Euskadi a favor de la Democracia y la República, ha aparecido manchada por el “yugo y las flechas” utilizadas como símbolo por los falangistas. Uno de los grupos que formaron parte de los delincuentes que se alzaron contra la República.

El monumento levantado en recuerdo de los vascos que lucharon contra el fascismo, profanado por los fascistas
El monumento levantado en recuerdo de los vascos que lucharon contra el fascismo, profanado por los fascistas

Seguramente habrán sido unos “niñatos” ignorantes. Pero eso no quita ni un poco de valor al insulto a la memoria de aquellas personas personas.

La “Huella“, que es el nombre de esta escultura de Juan José Novella, recuerda y homenajea a todos los vascos que lucharon en aquella guerra en el bando de la República y que después sufrieron las consecuencias de casi 40 años de totalitarismo. Todos ello causado por los sublevados, asesinos y ladrones, que formaron el bando insurgente. Aquellos delincuentes, y sus herederos, aun pueden transmitir su mensaje de odio sin miedo alguno, porque las leyes del Reino de España, sucesor natural del régimen franquista, nunca han perseguido el totalitarismo.

Creemos que esta ofensa a la memoria de unos héroes exigiría más que una limpieza de la indigna simbología pintada en la escultura. Sería bueno que se planteara un acto de desagravio, que sirviera para recordar “quién fue qué”, en aquella guerra.

Lo exige el respeto a la memoria de esas decenas de miles de vascos y vascas, que dejaron de ser obreros, campesinos, maestros, oficinistas, empresarios, abogados, ingenieros o estudiantes, para convertirse en los defensores de la Libertad, la Democracia, yen muchos casos, de la Causa del Pueblo Vasco.

 

 

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