R. Emmett Tyrrell, es el fundador y editor jefe de la revista política conservadora de los USA The American Spectator, dependiente de la Fundación American Spectator. 

El Sr. Tyrrell y su esposa han realizado un viaje por España y, por presión de ella, han acabado visitando Bilbao para conocer el Museo Guggenheim Bilbao y las exposiciones que actualmente ofrece.

No le ha gustado nada el museo, cosa que es totalmente respetable. Lo que no lo es tanto, es el tono y la forma de su artículo, en el que intenta ridiculizar e incluso “criminalizar” lo que no le gusta. Algo muy propio de los movimientos radicales de cualquier signo.

Leyéndole, no hemos podido menos que recordar la historia del pintor y crítico de arte francés Louis Leroy que asumiendo el mismo papel de poseedor de una verdad absoluta y eterna, realizó a finales del siglo XIX una crítica demoledora e irrespetuosa de la primera exposición de un movimiento pictórico al que, sin desearlo, le dio nombre: Los Impresionistas.

R. Emmett Tyrrell comete el mismo error que Louis Leroy. Desprecia lo que no le gusta, o lo que no entiende. Algo muy característico de las mentalidades totalitarias. Lo hace atizando a todo: al continente y al contenido.  Realizando una crítica absurda al Museo y a las exposiciones que en este momento contiene, o al menos a algunas de ellas.

Nosotros, mucho más ignorantes y además desposeídos de la verdad absoluta de la que parece que se siente imbuido el autor del artículo, estamos convencidos de que, dentro de cien años, sus libros y reflexiones no serán fáciles de encontrar en una librería ( si es que aun existen el el 2115) . En cambio el Museo Guggenheim Bilbao no habrá sido sustituido por un aparcamiento, y una parte significativa de los artistas que han sido acogidos en sus salas, formaran parte de los libros de la Historia del Arte.

Es más, pensamos que es muy probable que el programa infantil “Barrio Sesamo” sea recordado como un modelo de capacidad de adaptarse a las necesidades del público al que iba dirigido, los niños, al tratarlos como seres inteligentes. En cambio los contenidos de la publicación que dirige no es fácil que sean referencia de nada o de nadie, por exactamente lo contrario. Por tratar a sus lectores como menores mentales necesitados de forma permanente de un guía

Por tanto, de buscar para este elemento de Bilbao un referente de comparación, preferimos que le saquen parecido con Barrio Sésamo que con The American Spectator.

Es cierto que, como dice, es mucho mejor que algunos de los millonarios USA dediquen su dinero a arte de “mala calidad” que a apoyar terroristas o yihadistas. Pero sería muy bueno que recomendase lo mismo a los que apoyaron o apoyan a golpistas y dictadores a la medida de los ultra-conservadores, o a los que se hacen ricos vendiendo y comprando con esos países o movimientos “tocados por el mal” que tanto le repugnan.

Para acabar. Siempre que oímos o leemos el nombre del ciudadano ejemplar Eisenhower, el que fue presidente de los USA, sentimos un escalofrío. No dudamos de que lo haya sido de las fronteras de USA hacia adentro. Pero siempre que nosotros lo recordamos, lo hacemos dando un fraternal abrazo al sanguinario Franco y abriendo las puertas de la comunidad internacional al régimen fascista que éste impuso en España durante décadas.

The American Spectator – 16/9/2015 – USA

THE GUGGENHEIM AND SESAME STREET

wife and I are concluding our trip through Spain in a grand way. I am bowing to her wish that we see the celebrated Guggenheim Museum in Bilbao. The museum is devoted to the most up-to-date modern art, and she likes modern art. I like it too. It usually shows me how our arty elites have decayed, and how some of our billionaire philanthropists are being taken to the cleaners by conmen and self-promoters. Far better that they should give their billions to the hucksters of art rather than some other category of modern crank, say the urban terrorists or jihadists.

(Sigue) (Traducción automática)

También en:

The Washington Times

 

 

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