En esta entrada intentamos restañar los daños producidos por la ausencia en nuestra web de una referencia a un libro que fue presentado en 2014 y que lleva por título “La distancia y el olvido: vascos en la historia de Bolivia“. Un Libro que trata de recopilar y recordar las historias de algunos de los vascos que, de una forma especial, han influido en la historia de lo que en la actualidad se conoce como Bolivia.

El autor, Aitor Iraegui, vive en Bolivia y nació en Durango, Bizkaia.  Estudió Historia Contemporánea de América Latina en la Universidad de La Habana y Ciencias Políticas en la Universidad del País Vasco. Ha publicado Diccionario básico de Relaciones Internacionales (2004) y La democracia en Bolivia (Plural editores, 2013).

El libro se puede adquirir por internet en la tienda on-line Incabook y el listado de los vascos y vasco-descendientes recogidos en el libro lo pueden conocer en este pequeño vídeo.

Vascos en Bolivia

Pero no podemos cerrar esta referencia al libro sin citar la crítica que publicó Ricardo Bajo Herreras (que se define a sí mismo como “Periodista vasco-boliviano. Director de Le Monde Diplomatique-Bolivia. Hincha del Athletic y The Strongest. De mayor quiero ser anarquista.”), en el diario boliviano La Razón. Una columna en la que el autor proyecta sus filias y fobias sin reparo, mientras que resalta (sin rubor) del libro que referencia: “Iraegi asegura que trató de no juzgar excesivamente a los villanos ni enaltecer a los héroes, pero nadie en este mundo es virgen. Y así, entre líneas se cuelan algunas simpatías y antipatías por ciertos personajes e incluso por el hoy en día” .

Su análisis del libro podría confundirse con la obra del descendiente de un “vicuña“, si no fuera por la anterior autodefinición del autor. Está claro que Aitor Iraeguino le cae bien” a Ricardo Bajo Herreras. Algo que se nota desde las primeras líneas. Tanto, que hay veces que parece que el texto está dirigido directamente al autor y no al lector. Lo que da lugar a algunas afirmaciones que nos gustaría puntualizar. Cosa que intentaremos hacer siguiendo el orden del propio texto

Al contrario de lo que se afirma, en la tapa del libro escrito por Iraegui, no hay un Escudo de Euzkadi, (que, por contra, sí está en el logo de nuestra web). Lo que aparece en la portada es una adaptación de un Zazpiak Bat en el que uno de los “cuarteles” aparece, en vez del escudo de un Herrialde, una “llama“, en clara referencia a los vascos de esa parte de Sudamerica. Con respecto al uso de la “z” en el término Euzkadi, esta grafía no es la manera del Partido Nacionalista Vasco, sino que es la forma común de escribir ese término hasta los años 60 del siglo XX. Con ese escudo y con esa grafía, lucharon los gudaris y en su recuerdo y homenaje nosotros lo seguimos usando. Un término y una grafía “republicana y democrática”, que puede llegar a estar muy alejado de otros símbolos como el “arrano beltza” que, en sentido estricto, nos retrotraen a estructuras y formas de gobierno medievales.

En segundo lugar, aunque sea anecdótico, Xabier Azkargorta sí jugó en el Athletic.  Desde  julio de 1972 a junio de 1977 formó parte del primer equipo del club bilbaino. Y ya que hay interés en puntualizar, puntualicemos que el nombre de la Real no es la Real Sociedad de Donostia, sino el de Real Sociedad de San Sebastián, como la historia del club y su propio escudo indica.

Después de los prolegómenos, Ricardo Bajo Herreras, entra en el meollo del asunto al afirmar:

” Cuando uno tiene la tentación de enorgullecerse por alguna extraña razón del legado de los vascos, es necesario recordar que por ejemplo el dictador chileno Augusto Pinochet tenía como segundo apellido Ugarte…”

Se olvida decir que Salvador Allende también era de origen vasco, o incluir en la reflexión, que todos los vascos que nombra como parte del “lado obscuro” lo eran en un contexto determinado, difícil de eludir u obviar, si se quieren contextualizar y explicar sus comportamientos. ¿Ha habido vascos “malos”? Sí y muy malos. Pero el sentimiento de orgullo de pertenencia a una comunidad, no puede ser valorada por la existencia de  estos, sino por el comportamiento general de la comunidad.

Empezando por los casos de los personajes más reconocidos. Es curioso que la lista de “lo positivo” que se nombra en artículo, es mucho más larga e interesante que la “negativa”. Además se olvida en ésta de citar casos evidentes como el de Bolivar o el del “Che” Guevara. Lo mismo que se olvida de citar otros muchos casos. Como por ejemplo a, José Ballivián y Segurola, el artífice de la victoria boliviana en batalla de Ingavi, con la que se garantiza la independencia de Bolivia,   y que es el  nieto de uno de los que ha situado en el lado de los “malos”,: José Sebastián de Segurola.

Pero sobre todo, se ha olvidado de los muchos vascos y vascos-descendientes de humilde condición que durante siglos trabajaron en aquellas tierras construyendo su futuro. Algo que hicieron desde mucho antes de que  la idea de Bolivia tan siquiera existiese.

El pueblo vasco, una comunidad pequeña y extremadamente pobre durante la mayor parte de la historia, ha realizado aportaciones extraordinarias en todo el mundo. En especial en América. Desde las costas del Golfo de Labrador, hasta el Cabo de Hornos, la historia del Continente ha sido forjada con la ayuda de los vascos. Para bien y para mal, pero sobre todo para bien, la Nación Vascongada, ha sido un protagonista principal en el devenir de la historia del Continente.

Nosotros SÍ nos sentimos orgullosos del legado de los vascos y no es por ninguna extraña razón.

Sólo nos queda agradecer a Aitor Iraegui, el esfuerzo de escribir este libro que, con sus 100 páginas, puede ayudar a que algunos bolivianos se conecten de nuevo con sus raíces, y a que los vascos conozcan un poco mejor la historia de la presencia vasca en aquel país andino.

Nosotros hemos conocido muy directamente cómo un libro puede ser el inicio de un proceso colectivo de reencuentro con las raíces. Los vasco-descendientes de Rio Grande Do Sul, han iniciado un proceso de recuperación de su memoria colectiva y de organización como colectivo, gracias, en parte, al libro Alma Vasca de Ana Luiza Etchaluz. A partir de la publicación de ese libro se ha desarrollado un interesante proceso que nosotros hemos ido, en la medida de nuetras posibilidades, recogiendo aquí.

 

Nueva Crónica – 2014- Bolivia

La distancia y el olvido. Vascos en la historia de Bolivia

La suerte de los vascos que llegaron a tierras bolivianas fue desigual. De la mayoría de ellos ya no se sabe nada y su rastro anónimo se ha perdido. Sin embargo, algunos de estos vascos (o de sus descendientes) tuvieron una participación verdaderamente notable tanto en la vida colonial como en la republicana; e incluso unos pocos son una parte central de la historia boliviana, personalidades que prestan sus apellidos para bautizar calles, plazas y liceos y que se recuerdan en los discursos patrióticos y en las horas cívicas. Este libro trata de recordar esas vidas.

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La Razón  – 17/9/2015 – Bolivia

Vascos en Bolivia: del ‘loco’ al ‘bigotón’

Cada vez que me encuentro a alguien con apellido vasco, le digo lo mismo: ¿sabes que tu apellido (la gran mayoría son toponímicos) es del País Vasco y significa tal cosa? Y las respuestas (la gran parte de ellas) siempre son las mismas: ni idea, ni me interesa. La presencia de los vascos y vascas en Bolivia fue muy importante durante la Colonia y la primera etapa de la independencia, pero luego fue casi desapareciendo por la falta de una emigración que eligió otros países.

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