Hoy la revista Esquire publicaba un artículo sobre los vascos en su tierra de origen que nos ha encantado. Y,  también hoy, la edición para USA de Aljazeera publica otro reportaje, espectacular, sobre el esfuerzo de los vasco-descendientes de ese país por conservar la cultura y al lengua de sus mayores en el Far west. Dos magníficos artículos en el mismo día…un gran día.

El reportaje deAlljazeera, firmado por Ryan Schuessler, cuenta cómo los vasco descendientes de los USA, encarnados en el reportaje por los de Boise, están empeñados en conservar sus tradiciones, su cultura y su lengua. Nos va presentando ejemplos de personas empeñadas en el aprendizaje del euskera, que forman parte de familias que han salido de su Euskadi natal incluso hace más de 100 años.

Dándose casos tan maravillosos como el de María Carmen Egurrola Totorica, una vasco-americana que sobrevivió en 1937 al Bombardeo de  Gernika, que tuvo que emigrar a los USA y que ha visto como sus ocho hijos y ocho nietos aprenden el idioma de sus mayores en Boise.

Un esfuerzo que, como siempre decimos aquí, es una muestra preclara del poder y de la importancia que para los vascos y para el futuro de su país tiene la diáspora.

El artículo acaba con dos afirmaciones indiscutibles. La primera la de John Bieter: ser euskaldun “No es un tipo de sangre. No son características físicas. Es el lenguaje“.  La segunda es de Itxaso Cayero, profesora de euskera en Boise: “Una gran cantidad de personas en el País Vasco están viendo a la comunidad en Boise y a la diáspora prosperando… Están sorprendidos por las cosas que hacemos.

Sin duda. Cada día, los vascos de fuera, los vascos de la diáspora, los vascos de todos los rincones del mundo, sorprenden y muestran el camino a los vascos del interior. Eskerrik Asko!!!!

Aljazeera – 22/3/2015 – Catar / USA

‘Ni Boisekoa naiz’: Keeping Basque alive in Idaho

Bailes populares vascos en el Leku-Ona de Boise
Bailes populares vascos en el Leku-Ona de Boise

Standing against the wall of the crowded Leku Ona (Good Place) bar, Dave Asumendi took a sip of his wine as he watched a group of young people dancing in circles, moving to the music of a band that kept switching between Basque folk songs and accordion-infused Johnny Cash tunes. It was Thursday night on Boise’s Basque Block, a small stretch of Basque-American businesses and cafes in Idaho’s capital. Asumendi had just arrived from the intermediate Basque language course taught at the cultural center across the street. “It’s always been a lifelong burn to learn the language,” he said.

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