Peter Hum escribe en el Otawa Citizen sobre música y gastronomía (fundamentalmente). Una visita a un local de su ciudad, Les Vilains Garcons, que parece que presenta una “versión libre” de la idea de los pintxos, le ha hecho recordar su estancia en San Sebastián y su encuentro, en vivo y en directo, con el sumun de la gran gastronomía presentada a pequeña escala.

De su análisis sobre lo que ofrece el restaurante Les Vilains Garcons, poco que decir que no diga él. Salvando, claro está, que la verdad es que lo recogido en las fotografías no parece, a simple vista, muy apetecible.

La verdad es que algo de eso parece haber pensado el autor del artículo, porque ese mismo día publica otro  texto, complementario al primero, que titulaba:

“Perfect pintxos in San Sebastian, Spain”

Nos narra su experiencia  de 4 horas y 10 pintxos por la Parte Vieja de Donostia en el verano de 2013, y está claro que disfrutó, y mucho de la experiencia. Eso sí es uno más de los que piensan que pintxo y tapa son sinónimos. Puede que influenciado por el mismo tipo de errores que pueden hacer pensar a un cocinero que poniendo porciones de diferentes platos sobre una tabla de madera está sirviendo pintxos, cuando en realidad lo que está haciendo es servir grupos de tapas.

Aparte de narrar su experiencia, nos describe los 10 pintxos que se atrevió a comer (cómo puede ser que no se atreviese a probar los pintxos más sofisticados, qué pena) y luego informa de bares de la Parte Vieja que él recomienda.

Igual habría que pensar en crear para los pintxos vascos una denominación de origen. Porque algunos se deben creer que es una mera casualidad que los pintxos nazcan y existan en el seno de una de las gastronomías más reconocidas e importante del mundo (por ser humildes). No se dan cuenta que los pintxos es una evolución de la gastronomía popular vasca, lo mismo que la cocina que se puede comer en cualquiera de los grandes restaurante vascos más reconocidos internacionalmente.

Otawa Citizen – 3/12/2013 – Canadá

Dining Out: Les Vilains Garcons too often misses the mark

Assorted pintxos (Fish fritters, beef cheeks, beef tartare, tofu tempura, pork cheek) at Les Vilains Garcons. No sabemos qué pensaría un vasco si le ponen como "pintxos" esa tabla con comida. Pero seguro que nada bueno (fotografía  Peter Hum)
Assorted pintxos (Fish fritters, beef cheeks, beef tartare, tofu tempura, pork cheek) at Les Vilains Garcons.
No sabemos qué pensaría un vasco si le ponen como “pintxos” esa tabla con comida. Pero seguro que nada bueno
(fotografía Peter Hum)

In Spain’s Basque region, pintxos (pronounced pinchos) are bar snacks — the region’s diverse and delicious tapas, you could say. The smallest of small plates, they can be as simple as perfect ham from acorn-fed pigs, served on bread, or as fancy as seared foie gras with caramelized apples and mango purée. Pintxos were also jaw-droppingly cheap — about $3 each — when I filled my stomach with them in San Sebastian, Spain, in 2013. At every bar I visited, tempting pintxos were heaped on plates for patrons to eye. Once chosen, they were heated and served immediately. For any food lover, eating pintxos in northern Spain is a bucket list trip.

(Sigue) (Traducción automática)

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Otawa Citizen – 3/12/2014 – Canadá

Perfect pintxos in San Sebastian, Spain

On a beautiful late July day last year, rather than return to the beach near Biarritz, I made the easy, 40-minute drive across the border between France and Spain – the fabled small plates of San Sebastián beckoned. That Basque Country city of 186,000 on the Bay of Biscay’s southern coast is a foodie mecca renowned for a wealth of astounding culinary achievements. The jet set’s gastronomes know that of Spain’s six restaurants that have been awarded three Michelin stars, three are in San Sebastián.

(Sigue) (Traducción automática)

 

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