A partir del día 11 de noviembre, es decir  a partir de este martes, se va a celebrar en Londres la segunda edición del European Rail Congress. Con motivo de esa reunión la publicaciónThe European Magazine, especializada en Asuntos Europeos,  le ha pedido a la eurodiputada vasca de EAJ-PNV, Izaskun Bilbao un artículo en el que defina su posicionamiento con respecto a la situación actual del sistema ferroviario europeo, de pasajeros y mercancías, y de cuál debe ser la via a tomar para que el ferrocarril en Europa recupere el papel de liderazgo que la lógica económica, social y medio-ambiental exige que asuma.

La verdad es que el panorama que Izaskun Bilbao presenta en su texto es desolador, y demuestra la incapacidad de los Estados miembros de la UE para asumir las responsabilidades que les corresponden. Europa no tiene una red ferroviaria eficaz y eficiente, por la sencilla razón de que los Estados miembros no quieren perder su parcela de poder.

Eso nos lo dice a gritos, por ejemplo, las 11.000 normas técnicas nacionales que  actualmente están vigentes y que detallan los procedimientos operativos para redes ferroviarias; o la existencia de más de 20 agencias estatales que emiten permisos no “convalidables”. En definitiva la existencia de un caos regulatorio más propio de los años anteriores a la Gran Guerra, que a la Europa Unida de 2014.

Una estructura unificada de ferrocarriles para Europa, con homologaciones europeas, sin monopolios nacionales maquillados bajo subterfugios, o con sistemas coordinados que garanticen los desplazamientos de personas y mercancías (y convoyes) a través de toda Europa sin obstáculo alguno, significaría un ahorro de energía, recursos, burocracia, y dinero absolutamente ingente. Si a eso le uniésemos, en el campo de las mercancías, la eficaz gestión y coordinación de esa red ferroviaria con las “autopistas marítimas europeas“, el incremento de competitividad de la economía europea y la bajada de costos empresariales y sociales, superaría, por mucho, los ahorros que se quieren conseguir con los recortes salariales o de derechos laborales de los trabajadores europeos.

Leer el articulo de Izaskun Bilbao es encontrarnos de cara ante la evidencia de una de las grandes mentiras que los gobernantes europeos nos están intentando hacer creer desde hace unos años. Al contrario de lo que estamos escuchando de forma reiterada, no es Europa la que no funciona. Son los estados que la forman, los Gobiernos estatales, los que con sus reticencias a conseguir ámbitos de gestión y de decisión unificados, retrasan la marcha de la creación de una auténtica Unión para Europa.

Las razones, nos parece a nosotros, son evidentes, y tienen mucho que ver con lo que se conoce como la Doctrina Aguirre en recuerdo del Lehendakari Aguirre, uno de los líderes europeos que pusieron en marcha la idea de la Unión Europea tras la Segunda Guerra Mundial Lo que nos dice la Doctrina Aguirre, es que una Union Europea fuerte lamina las competencias de los Estados por arriba, mientras que un desarrollo  de la capacidad de autogobierno de las naciones y regiones europeas, las lamina por debajo. Los Estados-nación europeos, se resisten a perder esas capacidades de decisión y de control, y dificultan en lo posible ese proceso de vaciado de poder  a la que la nueva estructuración política de Europa les condena.

Europa, los ciudadanos europeos, deben luchar contra el absurdo que se está dando. Europa se ha estancado e incluso corre el riesgo de ir hacia, porque los aparatos burocráticos estatales no quieren perder poder. Esa es la misma razón que hace quelos Estados (con un ejemplo paradigmático en el Reino de España), estén recortando todo lo que pueden competencias a sus estructuras sub-estatales.

Los Leviatanes europeos no están dispuestos a perder su poder, aun a sabiendas de que eso significará el fin de Europa.

 

The Parliament Magazine – 3/11/2014 – Europa

Izaskun Bilbao, parlamentaria de EAJ-PNV
Izaskun Bilbao, europarlamentaria de EAJ-PNV

The European economy’s competitiveness is hindered by the saturation of its transport networks. Each year, problems such as congestion, delays and inefficiencies cost us one per cent of our gross domestic product. When a product is finished in Europe, between 10 and 15 per cent of its price can be traced back to logistics, storage and transport. The sustainability of services is also heavily compromised by their dependence on fossil fuels. In order to resolve these problems, Europe needs to turn its transport system into a global benchmark. The EU has drawn up a strategic plan for transport aimed at tackling the issues mentioned above. One key aspect of this approach is improving rail transport.

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