Siempre que tenemos ocasión lo decimos: el New York Times forma parte del más selecto grupo de Amigos de los vascos. No lo decimos porque hable muy bien de los vascos, que lo hace, ni lo decimos porque los temas vascos tengan un presencia alta en este diario norteamericano, que también. Lo decimos, sobre todo, porque escriben de los vascos con independencia y criterio propio. Sin dejarse influir, en demasía al menos, ni por los diarios españoles y franceses, ni por los gabinetes de comunicación de estos gobiernos; todos ellos empeñados en dar una imagen de la realidad vasca favorable a las tesis unionistas. O mejor dicho, desfavorable a las tesis soberanistas. Ya que en la mayor parte de los casos se dedican más a denostar  las tesis del nacionalismo vasco, que a poner en valor las razones por las que se muestran favorable a las unionistas.

Todo ello nos ha venido a la cabeza cuando hemos leído el magnífico artículo sobre los «Herri Kirolak» que ha escrito Dave Seminara en el New York Times, que hoy podemos disfrutar en la versión web y que aparecerá en la versión impresa del diario norteamericano el domingo 20 de abril el Domingo de Resurrección.  Es decir Aberri Eguna, el Día de la Patria Vasca.

El reportaje se basa en  el viaje que realiza periodista al encuentro del harrijasotzaile, carnicero, actor, poeta, escultor, navarro y vasco, Iñaki Perurena. Un viaje que se presenta con el objetivo de hablar del deporte rural que practica Perurena, pero que, a lo largo del texto, se convierte en algo mucho más profundo. Porque en realidad narra un viaje que ayuda a conocer mejor los cimientos profundos del Pueblo Vasco, y  es un viaje que pasa por muchos lugares de El País de los Vascos: Donostia, Baiona, Leiza, Vitoria y la mismísima Diáspora.

Este viernes en su versión web y el Domingo de Resurrección en su versión impresa, el New York Times, de la mano de Dave Seminara, le hace un gran regalo a los vascos en el día el que estos celebran la fiesta de la Nación Vasca. Un regalo que puede parecer simple, pero que es fundamental: el de la verdad. Entre otras muchas cosas porque dice que Leiza es un pueblo vasco, e incluye un mapa de todo el territorio actual de los vascos. O al menos de casi todo, ya que tenemos que ver reflejada en el la desgracia del Condado de Trebiño. Ademas de poder ver, una vez más, al trozo de Océano Atlántico que baña las costas de esta parte del contienen con su auténtico nombre: Golfo de Bizkaia,

Un regalo, el de la verdad, que nos es la primera vez que ofrece este diario norteamericano. Dentro de pocos días, el 26 de abril, tendremos que conmemorar otro suceso en el que el New York Times regalo a los vascos ese mismo simple, pero valioso, regalo. El 26 de abril de 1937 loa fascistas bombardearion Gernika, y en el New York Times y en el británico The Times, otro periodista, George L. Steer, contó al mundo la verdad de lo sucedido, dejando en evidencia la miseria moral de los insurrectos franquistas.

Centenares de miles, millones de personas, leerán en todo el mundo este artículo. Millones de personas entenderán un poco mejor a los vascos y guardaran en su memoria una frase simple de entender, pero de profundo significado. La frase con la que Iñaki Perurena responde al periodista cuando le pregunta sobre su posición ante la independencia de los vascos:

“I am Basque, nd I want to be Basque. Interpret that as you like.” («Yo soy vasco, y quiero ser vasco. Interprétalo como quieras «.

 

The New York Times – 18-20/4/2014 – USA

Stone Lifting as Sport in the Basque Country

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It was 10 o’clock on a bright Thursday morning when I washed up in a cafe in Leitza, a Basque village in a rugged, green valley south of San Sebastián, in search of directions. The barista and both of her customers, two elderly men wearing traditional Basque berets, knew whom I was looking for before I asked. Iñaki Perurena is the Michael Jordan of harrijasotzaile, or stone lifting, considered a herri kirolak, or rural Basque sport that has been an integral part of the Basque culture for 100 years, and I had come to Leitza in search of his hilltop museum and sculpture garden dedicated to this unusual athletic pursuit.

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