Fiona Duncan ha escrito, para el diario británico The Telegraph, un reportaje lleno de entusiasmo sobre Biarritz, una de las poblaciones de la Costa vasca  mas llenas de glamour y de prestigio. Un artículo en el que no solo guía a los lectores del periódico por esta ciudad vasca, sino que les acompaña por algunos de los más clásicos rincones de la parte de El País de los Vascos, que está situada al norte de los Pirineos.

Un articulo en el que nos han llamado la atención dos cosas, una en el texto del mismo y otra incluida en uno de los comentarios que los lectores han escrito sobre el mismo.

El correspondiente al artículo es el que se refiere a la llegada de surf a la costa vasca. La autora del mismo lo sitúa en 1957, importado desde Califormia por el escritor y guionista Peter Viertel. La primera referencia que conocemos nosotros sobre el conocimiento del surf en tierras vascas es de 1912 proveniente, directamente desde las islas Hawaii. Creemos que es más que probable que entre 1912 y 1957, alguna tabla de surf se deslizase por las olas de algún punto de la Costa vasca.

La otra se corresponde a un desafortunado comentario escrito por WetThrust en que, en su intento de poner en valor a Santander, lo hace intentando quitar valor y prestigio a Biarritz. Una política muy propia de mentalidades mediocres.

The Telegraph – 10/8/2013 – Gran Bretaña

France: Biarritz, queen of the Basque coast

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‘Biarritz still has airs and graces; it appeals equally to families, and older people’ Photo: AP

 

It’s amazing how reputations, sometimes decades, even centuries old, can still hold sway, however out of date. I was only 54 years behind the times in believing Biarritz, queen of the Basque coast, to be a quiet and genteel, if faded, bastion of old-fashioned elegance, full of stately matrons and their pretty daughters taking famous seawater treatments, while their husbands golfed. It was only when I found myself trapped on the plane by a load of people in bandannas and baggy cut-offs and then fell over their massive surfboards in the baggage hall of Biarritz airport that I discovered my mistake. Had I done my homework properly, I’d have known that in 1957, Peter Viertel, screenwriter husband of Deborah Kerr, came to Biarritz to make a film, saw the waves, called for his board to be sent from California and promptly introduced surfing to France.

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