De Gipuzkoa no lo parece ser, y no lo parece por lo que afirma en su artículo publicado en la web InfoCatólica con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud que se celebró en la ciudad brasileña de Río de Janeiro.

Lo decimos por su reconocimiento de la sorpresa que le ha producido saber del papel del Padre Anchieta (del que ya hemos hablado en algunas ocasiones) en la historia y la evangelización de Brasil:

Pero aún hemos recibo otra sorpresa al saber que esta nación, que es la que tiene el mayor número de católicos del mundo, reconoce e invoca al Beato José de Anchieta como «Apóstol del Brasil». Este jesuita del siglo XVI, hijo de un vasco de Urrestilla y nacido en Tenerife, resultó ser nada menos que el cofundador de las ciudades de Sao Paolo y San Sebastián de Río de Janeiro.

Cómo es posible que un obispo de Gipuzkoa desconozca ese origen vasco de un jesuita de la importancia histórica y el valor humano del Padre Anchieta. Un vasco perteneciente a una familia emparentada con la de otro gipuzkoano llamado Iñigo de Loiola, fundador de la Compañía de Jesús, y que intercedió al final de la Guerra de Comunidades para que los cabecillas gipuzkoanos, que defendieron a la legitimidad como reina de Juana I de Castilla en la Guerra de Comunidades (1520-1522), no fueran decapitados y sólo deportados.

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José de Anchieta, nació en Tenerife. Su padre, Juan de Anchieta Celayaran, era uno de esos cabecillas gipuzkoanos, y fue enviado a Tenerife, (recién conquistada por los Reyes Católicos solamente 30 años antes) por esa causa. Su padre le mando a Coimbra con apenas 13 años para estudiar en su universidad (curiosamente no lo mando a una universidad castellana) y fue en Portugal donde se unió a la Compañía de Jesús (fundada, recordemos, por el primo de su padre).

Es allí desde donde parte, al servició del Rey de Portugal, en mayo de 1553 , junto con 5 jesuitas, hacia Brasil, donde pasó el resto de su extraordinaria y fructífera vida. Jamás piso tierra vasca, y siempre sirvió al Rey de Portugal. pero a pesar de eso, en  la carta “Informação do Brasil e de suas capitanias” escrita en el año 1584, José de Anchieta se define a si mismo “biscainho”.

No creemos que sea una cuestión baladí que el Obispo de San Sebastián reconozca que desconocía una historia de esa importancia. Ni el peso que este vasco tiene en la historia, en la formación y en el sentimiento colectivo de ese país sudamericano.

Brasil está lleno de referencias a ese jesuita vasco, eso sí refiriéndose a él, en la mayor parte de los casos, como canario. Como si nacer en un lugar recién conquistado por causa de un exilio familiar forzoso, o el propio sentimiento de pertenencia, fueran menos importante, tuvieran menos peso, que el lugar donde, por imperativo legal, nació.

No habría sido una mala ocasión para que Monseñor Munilla hubiera reivindicado la figura de este jesuita vasco, beato y seguramente pronto santo de la Iglesia Católica, como uno de los primeros de los muchos misioneros vascos que durante siglos han trabajado en todo el mundo y en Sudamérica en particular por hacer un mundo mejor y mas justo. Pero por lo que se deduce del texto escrito por él mismo, era algo que, incomprensiblemente, desconocía.

Infocatolica – 3/8/2013 – Hispanoamerica

San Sebastián de Río de Janeiro

Para los donostiarras que hemos participado de una u otra manera en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Río, nuestra primera sorpresa ha sido comprobar que no solo compartimos patrono con los cariocas, sino también el nombre de la ciudad: «San Sebastián de Río de Janeiro». Pero aún hemos recibo otra sorpresa al saber que esta nación, que es la que tiene el mayor número de católicos del mundo, reconoce e invoca al Beato José de Anchieta como «Apóstol del Brasil». Este jesuita del siglo XVI, hijo de un vasco de Urrestilla y nacido en Tenerife, resultó ser nada menos que el cofundador de las ciudades de Sao Paolo y San Sebastián de Río de Janeiro. En el inolvidable escenario de la playa de Copacabana, el Papa Francisco propuso a José de Anchieta, aquel joven valiente y lleno de fe que llegó a Brasil con tan solo 19 años, como modelo para toda la juventud del mundo.

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