Jonás Alpízar y Lidia R. Wah han pasado unos día de asueto recorriendo la costa vasca, desde Biarritz, hasta Lekeitio.  Un resumen de su experiencia se ha transformado en un artículo que publica en este número a revista de negocios mexicana Alto Nivel.

Un reportaje escrito por alguien que se ha enamorado de los lugares que han recorrido. Un reportaje que es, nuestros lectores habituales lo entenderán, una pesadilla para nosotros: no tenemos ni un pero, ni un apunte, ni una aclaración, que hacer a lo que han escrito.

No podemos protestar ni en el tema de la denominación de los pintxos. Parece que lo han escrito para dejarnos sin capacidad de protesta. Lo dicen muy claramente: No pidas tapas, son pintxos. Más claro, imposible.

Ellos lo explican lo que somos con una claridad sorprendente. Tres parráfos que, no podemos evitarlo, nos recuerdan a ese documental de Orson Welles sobre los vascos, que tantas veces hemos referido desde esta web.

La línea de la frontera entre España y Francia es tan delgada que no se siente cruzar de un país a otro. En un automóvil rentado he recorrido un gran tramo de la Autopista del Cantábrico AP-8 y ahora se ha enlazado con la Autorute A63. Si el coche fuera un pincel estaríamos trazando, desde el lado francés, la costa vasca.

Es difícil manejar en un país diferente, hay tantas normas de vialidad y civismo que los habitantes de la ciudad de México desconocemos. Las señales, hace un par de minutos, estaban en  castellano, ahora en francés; no obstante, en ambos lados van acompañadas por su traducción al euskera, el idioma del País Vasco. Y es que debemos partir de ello: ni es España ni es Francia, aunque su territorio esté dentro de estos dos países. No es tan sencillo, pero al mismo tiempo sí lo es.

El País Vasco, o Euskal Herria, haciendo a un lado versiones oficiales, está compuesto por siete entidades: Gipuzkoa, Nafarroa, Bizkaia y Araba, en el Estado español; y Lapurdi, Nafarroa Beherea y Zuberoa, en el lado francés. No entraremos, por lo mismo, en debates sobre nacionalismos ni identidades. Que baste decir que su independencia social y cultural no solo existe, sino es palpable en cada pueblo y en cada persona por la originalidad y creatividad que las distingue.

Antes de dejarles la referencia del reportaje, nos gustaría decir una última cosa. Ellos acaban su reportaje con el siguiente párrafo:

Ha terminado mi ruta. Lleno de pintxos, de montes y de playas; lleno de sonrisas y de abrazos. Si la costa del Cantábrico es uno de los secretos mejor guardados por los vascos, deberíamos, a fuerza de copas de txakoli y vasos de kalimotxo, hacer que nos confiesen todos los demás.

Nos encantaría que descubriesen todos nuestros secretos. Ya conocen algunos de los que se esconden en la Costa Vasca. Si quieren hacerlo, seguir sabiendo lo que atesoramos a lo largo de los milenios en los que vivimos en esta tierra, en el País de los Vascos, lo que tienen que hacer es visitarnos mucho e ir recorriendo nuestros caminos. Serán recibidos, siempre, con sonrisas y de abrazos.

Alto Nivel – 17/9/2012 – México

Trazando la Costa Vasca

Nunca fui muy aficionado al ciclismo, ni a practicarlo ni a verlo por televisión; pero no me perdía el Tour de Francia, que se ha celebrado anualmente desde 1903 (solo interrumpido por la I y II Guerra Mundial). Sigo sin saber por qué. Cada año, en julio, buscaba la transmisión. Mis favoritas eran las etapas de montaña. Poco a poco fui dejándolo y ya lo había olvidado. Hasta hoy. La línea de la frontera entre España y Francia es tan delgada que no se siente cruzar de un país a otro. En un automóvil rentado he recorrido un gran tramo de la Autopista del Cantábrico AP-8 y ahora se ha enlazado con la Autorute A63. Si el coche fuera un pincel estaríamos trazando, desde el lado francés, la costa vasca.

(Sigue) (Traducción automática)

 

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