Es verdad, lo reconocemos, estas historias llegan a directas a nuestro corazón y cuando las leemos, sentimos dentro de nosotros el enorme orgullo de ser vascos, de pertenecer a este pueblo. Un pueblo unido tan profundamente a su tierra, tan enraizado en ella, que sus hijos e hijas sienten que pertenece a ella  incluso cuando viven a a muchos miles de km. y, desde hace generaciones, que su familia  no ha vuelto a pisar tierra vasca.

La historia que hoy traemos aquí, la de la californiana  Patrice Apodaca, nos recuerda mucho a la de la brasileña Ana Luiza Etchalus, de la que ya hemos escrito en varias ocasiones y que, como recordarán nuestros lectores habituales vino a Euskadi, a conocer el origen de su familia y ha acabado escribiendo un libro sobre ese descubrimiento de una parte importante de si misma y de sus raíces.

Patrice decidió que quería descubrir la tierra de la que provenía su parte de sangre vasca. Por eso este verano ha visitado la tierra de sus ancestros. Por lo que se puede intuir de la lectura del artículo que ha escrito en el Daily Pilot y que les traemos aquí, la experiencia le ha gustado. Nos da la impresión de que cuando inicio este viaje le guiaba la mera curiosidad, pero que al volver a su casa en Newport Beach, su sentimiento de pertenencia a la comunidad vasca es mucho más fuerte. De lo cual nos alegramos.

Ella se ha dado cuenta de que somos un país lleno de contrastes, somos feroces defensores de nuestro ser, de nuestra alma, pero a la vez somos una sociedad abierta. Somos una sociedad muy parecida a la que americana que ella conoce por una cosa, porque somos una sociedad mestiza. A lo largo de los últimos 100 años, según se iba consolidando nuestro fuerte desarrollo industrial, fueron llegando gentes de otros lugares, al igual que nosotros fuimos a otros sitios cuando tuvimos que buscar fuera de nuestra casa y nuestra tierra un futuro mejor. La mayor parte de esos inmigrantes ya tienen sus hijos y sus nietos nacidos aquí y forman parte integral de esa nueva sociedad vasca, abierta al mundo y, a la vez, fiel a sus raíces mas importantes, que se proyectan en su voluntad de seguir existiendo como sociedad, como cultura y como nación.

Es cierto, como dice Patricia, somos tercos. Lo somos porque hemos sido capaces de permanecer desde tiempos inmemoriales en la misma tierra. Lo somos, porque hemos visto aparecer y caer civilizaciones e imperios que tenían el convencimiento de ser eternos y mietras ellos pasaban y desaparecian, los vascos hemos seguido aquí. Lo somos, porque lo fácil habría sido rendirse y desistir de nuestra existencia como pueblo, pero no habría sido lo correcto. Si ha pasado todo eso, si en el 2011 hay vascos en nuestra tierra y en todo el mundo, es porque somos tercos.

Resulta curioso. En el mes de septiembre, Ana Luiza Etchalus va a viajar a Los Angeles a contar su experiencia, su descubrimiento de su Alma Vasca. Dos mujeres, dos vascas, que, viviendo muy lejos del País vasco, han descubierto su tierra y sus orígenes  al sentir la llamada de sus ancestros, y van a estar muy cerca una de otra. Igual, incluso, se llegan a conocer y pueden intercambiar sus experiencias y las emociones que ambas sintieron al llegar al pueblo, del que sus antepasados salieron en busca de un mundo mejor. Unos a USA y otros a Brasil.

Es lo bueno que tiene ser vasco, siempre hay un compatriota en cualquier rincón del mundo que te recibe con los brazos abiertos.

Daily Pilot – 19/8/2011 – USA

Apodaca: Ancestry accounts for a lot

Apodaka (Araba-Euskadi)

Every now and then, it’s valuable to look back at our roots to understand how where we came from has shaped who we are today. As Americans, we are raised on the belief that it is our god-given right to forge our own destiny. This birthright was handed down to us from past generations who crossed seas and blazed trails to give their children better lives than the ones they’d left behind. My wonderful life in Newport Beach didn’t come about merely because of choices I made. It’s also a result of the hopes and dreams of my forebears, the peasants and laborers and crafts people on whose shoulders I stand.

(sigue)
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